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Las clases al semáforo, la “hermosa locura” de Jemima Peláez

Dani quiere ser maestra y Juanito quiere ser policía. Pasan el día en la banqueta o un camellón, entre autos que circulan al ritmo de las luces verde, amarilla y roja. 

Ellos podrán cumplir su sueño gracias a la iniciativa de Jemima Peláez, maestra de educación especial, licenciada en pedagogía y educación especial, quien comenzó a llevar esta semana el salón de clases a la calle. 

Ella labora en el Centro de Atención Múltiple Bicentenario, en Jalpan de Serra. Sin embargo, con la pandemia de Coronavirus y la suspensión de clases no ha podido seguir en contacto con sus estudiantes. 

—Al ir corriendo vi a muchos niños en Soriana Huimilpan ¿y a ellos, quién les están dado clase? Si la mayor dificultad con mis niños son las telecomunicaciones, los niños que no tienen acceso a ellas y no pueden tener educación a distancia, virtual o ponerse a ver la tele con los programas educativos… me paré de correr, llegué a  mi casa y le dije a mi familia ‘¿Saben qué?, voy a ir a los semáforos a dar clases’— comenta en entrevista con EL QUERETANO.

Así, el lunes 10 de agosto, tomó su mochila, cuentos, hojas blancas y lápices de colores y se dirigió a dos semáforos: uno en Av. Cimatario y otro en Constituyentes, frente a la Alameda.

Foto: Jemima Peláez

—Me encontré a tres niños que me alentaron un montón y que me pusieron muy triste al ver las condiciones de vida que ellos tienen y cómo son felices—, explica Jemima. 

Su objetivo es brindar terapia educativa, es decir, “estrategias para que ellos puedan adquirir conocimiento”, pero sobre todo, que puedan imaginar un futuro y caminar hacia él.

“Ahora que estoy con mis niños, hay uno que se llama Juan Carlos y está aprendiendo a leer y escribir, y digo ‘si este niño encuentra la cura contra el cáncer, gana un Grammy o escribe un libro y dice ¿sabes? yo aprendí a leer en la esquina de la comer’, ese es mi objetivo, que ellos logren sus sueños y trasciendan desde donde podían”, explica la maestra que convirtió un camellón un un aula. 

Un salón de clases diferente

Los primeros obstáculos para dar clases en las calles no fueron el áspero entorno, sino las ideas preconcebidas de cómo debe ser el proceso de enseñanza-aprendizaje. 

— Tú como maestro dices “¿cómo voy a enseñar en el semáforo si pasan los carros, los estos gritan, está el semáforo?” porque tú eres externo a ese contexto; los niños están tan acostumbrados a ver a los carros pasar que ya no los distraen, es algo que para ellos es totalmente cotidiano— explica Jemima. 

Una vez que se asume el entorno, el siguiente reto es obtener la anuencia de los padres. 

— A mí me daba miedo esa parte, el contacto con el papá porque al final del día están generando dinero e interrumpir su actividad laboral media hora implica pérdida—, agrega.

Al llegar a los semáforos, Jemima Peláez logró obtener la confianzas de padres, niños y niñas. Encontró un escenario de rezago educativo. 

—Hay mucha dificultad en la adquisición de la lectura y escritura, la verdad es que están en un momento donde silabean demasiado, comprensión no han podido adquirir, el pensamiento matemático se observa un rezago hasta en conteo, siendo niños de edades desde cinco años hasta once, yo vi esas dificultades.

Pero también encontró esperanza e imaginación.: “todos ellos tienen un ideal de qué quieren ser de grandes y entonces es donde yo me aliento y digo “tu vas a hacer eso de grande porque estamos trabajando para lograrlo, aquí hay maestros que te van a enseñar cuál es el camino para que tú seas maestro o policía; Dani quiere ser maestra y Juanito quiere ser policía”.

Experiencia a multiplicar

La iniciativa de Jemima ha logrado sumar, en poco tiempo, la buena voluntad de numerosas personas. 

Foto: Jemima Peláez

“A este proyecto le estoy denominando en mi mente “Una hermosa locura”. A partir de que lo hago pongo el Hashtag #EnElSemaforoSeAprende y muchas personas se acercan a mi, gracias a dios ya tenemos una impresora, para poder imprimir el material” y otros donativos en especie como útiles escolares y alimentos para la convivencia al final de las sesiones de trabajo.

A ella le gustaría que la idea se replicara y llegara a aquellos niños de Latinoamérica en situación de calle. Para ello está sistematizando su enfoque de trabajo de tal forma que pueda ser replicable. 

—Siempre voy a necesitar insumos como cuadernos, mochilas, juguetes que no se mueven, no pelotas, muñecas, jugos de mesa o de atención y memoria porque estoy trabajando con eso, con las funciones mentales superiores, con coordinación—, comenta. 

Al momento una ilustradora ya se acercó para crear un logotipo para la iniciativa. 

— Esto ha estado fluyendo de una manera tan pura, porque no somos parte de ningún proyecto, realmente no estoy en ningún partido político, solamente era yo y mi idea y muchas personas se están sumando. Lo estoy sistematizando, estoy haciendo un proyecto por escrito donde son proyectos temáticos con este punto en particular: la aspiración, dejar que los niños sueñen que ellos pueden lograrlo.

Gabriel Morales López

Periodista. Columnista en El Queretano y en Imagen Querétaro 94.7 de FM.

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