Tradición de sangre, el boxeo en Querétaro

Con el actual auge comercial en nuestro estado, los gimnasios pululan como nunca. También los dojos, academias de boxeo y centros de entrenamiento de M.M.A. (artes marciales mixtas, por sus siglas en inglés). Este crecimiento responde a la demanda de los queretanos que siguen la tendencia de la cultura del cuidado físico y, de paso, quieren aprender algo de “provecho”.

Como consecuencia de esto, en la mayor parte de los casos, el entrenamiento se ha tergiversado; cambiando por “cifras” los valores, la técnica y la disciplina que involucra cualquier deporte de combate.

Ahora, son entrenamientos de una hora o dos; cada tercer día, generalmente, y con los que sus practicantes se sienten listos para cruzar Menchaca a pie por la madrugada.

Pero, más allá de la moda, la tradición sigue ardiendo en otras partes de la ciudad. El “Gimnasio de boxeo Arellano”, ubicado en Nicolás Bravo, en esquina con Primavera, en la colonia Las Rosas, cuyo propietario es Bonifacio Arellano es un ejemplo de esto.

Si bien se trata de un gimnasio con instalaciones sencillas, la grandeza está en las personas que lo integran. Desde los entrenadores y promotores que apoyan económicamente a la mayoría de los jóvenes; los mismos boxeadores, quienes entrenan con sus amigos, pero sin dejar de lado la disciplina; hasta las esposas, hermanas y hermanos quienes acompañan a los pugilistas y dejan ver que se trata de una comunidad, una familia.

“El boxeo es el segundo deporte con más afición en México, y es el que más glorias le da. Si se tuviera más apoyo desde abajo, otra cosa sería”, comenta Carlos Cendejas, promotor de boxeo y miembro del gimnasio Arellano. Esto, tras mencionar el apoyo, casi nulo, que reciben por parte de las secretarías en comparación con otras disciplinas e igualmente, los resultados en preseas comparados de unos y otros.

Juan René “el bravo”, Sebastián “chevez” y David “el general” llevan ya diez años entrenando box, y a sus 19, 18 y 16 años, respectivamente, han debutado en las peleas amateur y profesionales; no sólo teniendo récords invictos, también poniendo el nombre del estado en alto con las medallas que traen.

Los tres campeones dedican su vida al boxeo. “Lunes es levantarse a las 4:40 de la mañana, irse a correr -lo que me pongan-, llego y me baño rápido para irme a la escuela. Regreso de la escuela, como, descanso un ratito, me vengo para acá a entrenar y me voy a la casa a bañarme y dormir; y ya, ese es un lunes” comenta David Cuéllar sobre lo que es un día normal en su vida.

Sin embargo, en el gimnasio no sólo entrenan atletas de tiempo completo. Padres e hijos, universitarios, niños; todos son bienvenidos. Claro que, el entrenamiento está personalizado a las capacidades de cada uno, pero con todos se trabaja como es debido para formar a un deportista de combate: valores, técnica y disciplina.

Querétaro es cada vez más dinámico, pero lugares como el Gimnasio Arellano se mantienen valiosos pues ofrecen características especiales. Compromiso con la juventud, pone el nombre de Querétaro en alto, calidad en el entrenamiento, una segunda familia; todas son cualidades difíciles de encontrar, que cualquier deportista (ocasional o no) debe exigir en su práctica.

Redacción

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