Acciones y RazonesMirador

Tiene el PRI un ‘Alito’ moribundo

* El PRI se encuentra en artículo mortis y salvar la marca no parece posible.

Politólogos y columnistas hoy confunden el amor con retortijones y oposición en las urnas con siglas partidistas, pero, «Las personas que vos matáis tienen buena salud.» — Corneill, Pierre; Le Menteur.

La enfermedad crónico degenerativa del PRI no comenzó en 2018, de hecho, sorprende que en 2012 el enfermo se haya levantado de la cama, con cuadros y bases somnolientas, para ganar con votos de la sociedad sin partido.

La tragedia del PRI no fue sólo la sal en la herida por los escándalos de corrupción de EPN y los procesos penales a exgobernadores de Tamaulipas, Veracruz, Chihuahua, Coahuila y más.

La cosa viene de lejos, viene desde los pleitos cupulares, la indefinición de un programa para saber si eran centro derecha, centro izquierda o todo lo contrario.

Si analizamos el 2018 contra el 2021, tendremos que concluir que los votos contra el PAN y contra el PRI fueron al menos la mitad de los 30 millones que hicieron presidente a López Obrador.

La opción para conformar un candidato fuerte no tiene que ver ni con las aspiraciones de panistas yunkistas, ni con los sueños húmedos de Alejandro Moreno, quien se siente el único y verdadero priista.

El triunfo opositor en 2024 tiene que ver con NO arrastrar hacia una coalición políticos basura, marcas moribundas como el PRI o cadáveres como el PRD, y tampoco panistas ambiciosos llenos de oscuridad.

El PRI es ahora la peor marca política y empeoró tras la exhibición de audios que muestran como un delincuente felón al dirigente nacional Alejandro «Alito» Moreno,

Para el exgobernador de Campeche y actual coordinador de la bancada del PRI en la Cámara de Diputados, lo peor no fue la balconeada, sino que al defenderse nadie le creyó.

Cierto que Moreno, quien en el apellido lleva la fama, no es menos corrupto que Layda Sansores o que Andrés Manuel López Obrador, quien dio la orden de publicar los audios tan ilegales como la sustancia.

El Partido Revolucionario Institucional ha pasado por muchas fases en la historia que inició en 1928 con la convocatoria de Plutarco Elías Calles para formar un partido nacional.

Se armó aplanadora en el gobierno de Lázaro Cárdenas, cuando el Partido de la Revolución Mexicana tomó su estructura hegemónica, al basificar a fuerzas sindicales y grupos de poder.

Con las siglas PRI de Miguel Alemán comenzaron las historias de presidentes y gobernadores que salían muy forrados del cargo, pero la disciplina al interior era un valor real.

PRI y democracia nunca rimaron sino hasta que en 1996 Ernesto Zedillo aprobó la Reforma Política que dio piso parejo y derivó en que en 1997 el tricolor perdiera la mayoría legislativa y en 2000, la presidencia.

Hoy al PRI le quedan solamente tres maniobras: Bien morir, purificando el Alito a podrido, y convocando junto a otras fuerzas políticas in extremis a la fundación de un nuevo partido.

O, hundirse en el lodo de la desunión partidista convertidos en un ancla para una fuerza opositora nacional, y perder en 2023 dos de las tres gubernaturas que le quedan.

Y la tercera, tratar de resanar las muchas fracturas, tratar de recuperar una base y cuadros que ya militan en Morena, e iniciar un regreso que tardaría muchos años que no tienen.

La ruta opositora está en 1988, cuando priistas de alto nivel formaron una corriente que se opuso al Partido en el Poder, que tuvo que recurrir a un segundo «fraude patriótico» con Manuel Bartlett y perdió ganando.

Hoy solamente se vislumbran tres figuras que parezcan presidenciales: La ruda Lilly Téllez; el candidato en el exilio, Ricardo Anaya y, el hijo desobediente que puede quebrar a Morena, Ricardo Monreal.

Lo demás son formas de darse de topes en la pared y tirarse a la alberca política, aunque no tenga agua.

User007@mxpress.mx

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba