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EL CARLOS

Cuando fui joven, nunca fui afecto a frecuentar los antros de moda: el Bunka, el Íconos, 4Play, Lumina, el Zydeco y otros tantos por los que todos se morían por entrar.

Además de que soy malísimo bailando y no me encanta la música que ponen en esos lugares, una buena parte que me sofocaba de los antros, es que cuando los camaradas me sonsacaban para ir, siempre había que amontonarse en la entrada con sus mejores galas y sonreírle a un pelado que te barría de arriba abajo, con un cuello que bien podría ser mi cintura y te miraba con la cara de quien se ha comido un chicle de ajo.

Había que saludar lo más amablemente, tratando de aparentar seguridad y fingir que tu cartera estaba engordada con billetes, en vez de con papelitos doblados, plumillas de guitarra y tarjetas de futbol. Entonces el más experimentado del grupo, es decir, el que se la vivía en antros cada fin de semana, decía algo como: “¡Hey Carlos! Somos 6 weeeee, vamos a consumir botella!”.

Entonces el tal Carlos, parado atrás de la cadena, hacía como si nadie le hubiera hablado y ni se inmutaba ante la muchedumbre que se abalanzaba para ver si se dignaba a dejarlos entrar. Luego, llegaba un grupo de 3 chicas evidentemente arregladas para aparentar más edad de la que tenían y les abría la cadena, las saludaba de beso y abrazo y volvía a su pose inicial petrificada.

Un rato después -jamás entendí por qué-, el Carlos se aburría de vernos ahí parados y sin ninguna razón aparente nos dejaba entrar. Todos entraban sin problemas menos yo. A mí me ponía la mano en el pecho y me decía: “Tu IFE”. Todavía se llamaba IFE.

Ahora, el último día que fui a un antro antes de la pandemia, el “Carlos” que estaba en la entrada, me pidió mi INE. A diferencia de aquellos ayeres, lo tomé como un completo halago y le enseñé con gusto mi identificación. Pedí una limonada.

No sé si esta idea para darle “clase” o “exclusividad” a un lugar raye en la discriminación, sin embargo, la pandemia de Covid-19 vino a imponer un cambio social de 180 grados para el gremio de anteros queretanos.

Tras más de un año cerrados por órdenes de las autoridades sanitarias, los antros queretanos rogaban a principios de este 2021 por que les dejaran abrir sus puertas para que los clientes pudieran entrar a sus establecimientos. Irónico.

Sin embargo, esta apertura de los antros no va a durar mucho antes de que haya una nueva medida de “selección”: la Asociación de Empresarios y Trabajadores de Antros, Bares y Centros Nocturnos, anunció que a partir del 15 de septiembre comenzarán a solicitar a sus clientes certificados de vacunación como parte del protocolo para reducir el riesgo de contagio de “Covid-19”.

¿Buena medida? Es una polémica que ha generado el proceso de vacunación y tiene poco que ver con una postura antivacuna. Más bien, se trata del respeto a la privacidad que ha levantado una discusión a nivel mundial.

En Estados Unidos, empresas como Google, Netflix, Facebook o Walmart han exigido a sus empleados la vacunación completa contra el Covid-19, amparados por la Agencia Federal para el cumplimiento de las leyes contra la discriminación en los lugares del trabajo, que solo marca una excepción en caso de que el empleado justifique cuestiones médicas o religiosas.

En México, las cosas no funcionan así. La Ley Federal del Trabajo no marca ninguna obligatoriedad a que los trabajadores tengan que vacunarse o presentar algún certificado para acceder a sus lugares de empleo.

Sin embargo, en lugares de entretenimiento o espacios como un bar, la discusión va más allá de tener o no la vacuna, sino que se trata de información personal. Es decir, estar o no estar vacunada podría servir para discriminar como lo sostiene Enrique Pérez.

En varias ciudades de España como Madrid o Andalucía se ha planteado tramitar un “carné Covid” para que los ciudadanos puedan entrar a eventos como conciertos; sin embargo, se han topado con las leyes de protección de datos.

Personajes de la talla de Eric Clapton, han entrado en polémica por cancelar presentaciones en ciudades que les exijan a los asistentes a sus conciertos, presentar su comprobante de vacunación por considerarlo una práctica discriminatoria.

Evidentemente, a criterio del autor, lo ideal sería poder tener lo antes posible a la mayor cantidad de población vacunada y evitar este tipo de polémicas de fondo por el bien de todos, sin embargo, también hemos de aprender a respetar a las personas que están en contra de ponerse la vacuna. Como dirían las abuelitas, “cada quien”.

La rifa del Tigre.

Después del rotundo fracaso electoral del 2021, quién carajos se anima a entrarle a la dirigencia del PRI. Hay 13 gallos de acuerdo al actual líder Paul Ospital.

La renovación del Comité Directivo Estatal deberá realizarse durante este mismo mes, pero quizás sean muchos más los que suspiran, que los que realmente aspiren a quedarse con un partido evidentemente fracturado.

Al interior del priísmo, se dice que se trata de una carrera entre los ex candidatos Abigail Arredondo, “El Platano” Héctor González y Toño Macías.

Una cosa queda muy clara para Ospital, nadie que haya ayudado a otro partido político en elecciones pasadas tiene cabida en la elección interna, ¿esto aplica también para el mismo plátano que se veía cercano al PAN en 2015 o se le perdona a los cuates?

Otro perfil que seguramente está dentro de los 13, será Pancho Pérez que todavía presume la cercanía con Pepe Calzada, que hoy no tiene mucho peso ante los rompimientos a diestra y siniestra que ha habido entre los militantes. Hugo Cabrera, flamante autor de la iniciativa para decretar al escudo de Gallos patrimonio cultural inmaterial seguro se mueve y María Alemán parece haber perdido influencia en el CEN que era su mayor impulsor dentro del partido.

Serán tres años largos para los tricolores.

Y antes de despedirnos, que se escuche el ¡Viva México Cabrones! Desde cada casa porque todavía hay Covid.

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