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¿QUIEN DICE LA VERDAD?

Febrero 21, 2022.

“El Invitado Invisible” (2016) es una película española en la que ocurre un accidente que involucra a una adinerada pareja, días después ella aparece asesinada, y resulta muy interesante escuchar y ver dos narraciones sobre el mismo hecho, la primera acusando al hombre del asesinato, la segunda inculpando a la mujer y otros cómplices…

Cuando se trata de obras de ficción es gratificante ver el juego literario que te confunde y desata muchas conjeturas en tu cabeza, no sabes qué creer. Esto es justo lo que está pasando en el mundo, con eventos donde se presentan narrativas tan encontradas que resulta difícil saber quién dice la verdad.

Justo este fin de semana, el gobierno de Canadá, logró por fin terminar una serie de manifestaciones iniciadas por camioneros en desacuerdo con el mandato de vacunarse para poder cruzar la frontera con Estados Unidos. Varios grupos bloquearon por días algunos puentes internacionales parando en seco el flujo comercial terrestre de mercancías, lo que ocasionó paros en varias industrias en ambas naciones. Otro grupo de quejosos invadió el centro de la capital canadiense, Ottawa, cercando el Parlamento federal. Estacionados por días con menores de edad y en temperaturas debajo de -20C.

Lo que empezó como una -casi entendible- expresión de descontento de solo el 10% del gremio de transporte de carga que rehusa vacunarse y defiende -presuntamente- sus derechos y su viabilidad laboral, se convirtió en un caos masivo, donde diversos intereses locales y foráneos hicieron crecer el movimiento, no solo oponiéndose a los mandatos de vacunas de Covid, sino a todas las medidas sanitarias y aun buscando derrocar el gobierno de Justin Trudeau.

El impacto del autodenominado “Convoy de la Libertad” trascendió fronteras y fomentó movimientos similares en Europa y hasta en Nueva Zelanda. El gobierno de los Estados Unidos expresó su inquietud y presionó a Canadá para resolver el asunto ante el multimillonario impacto económico. Pero irónicamente, influyentes personajes políticos y empresariales americanos mostraron su apoyo al movimiento. De hecho, más de la mitad de los más de 10 millones de dólares recaudados en apoyo al Convoy provino de los gringos.

El gobierno federal canadiense tuvo que invocar la llamada “Acta de Emergencia” para dotar de poderes extraordinarios a los cuerpos policíacos y a las instituciones bancarias para desalojar a los manifestantes y bloquear los millonarios recursos que habían recibido presuntamente de simpatizantes, incluso -por primera vez en la historia- congelando cuentas bancarias y hasta bitcoins de ciudadanos. Los involucrados podrían perder su licencia de manejo y los vehículos incautados serian vendidos para cubrir las pérdidas que ocasionaron.

Es en este punto cuando se polarizan las narrativas, mientras la mayoría de los medios masivos describían al movimiento de los camioneros como un pequeño grupo que no representa los intereses de la mayoría, pues el 90% de los transportistas y de hecho de toda la población de Canadá tiene 2 dosis de vacunas ya han acatado las medidas sanitarias; indicando que estaban ilegalmente obstruyendo vías de comunicación y poniendo en riesgo los grandes avances en la lucha contra la pandemia.

Pero las redes sociales, que se han venido erigiendo en un nuevo poder político (la prensa siendo el 4º poder), mostraron otras narrativas, es en esta arena donde han fluido otras versiones, acusando a Justin Trudeau de tirano, llamando ilegales y autoritarias sus medidas para terminar con los bloqueos del convoy de la libertad.

Irónicamente, durante los días que duró este movimiento, varias provincias canadienses han venido levantando muchas de sus restricciones, debido a que la ola de infecciones por ómicron esta cediendo rápidamente, no a pesar de las vacunas sino gracias a ellas y a la inmunidad de ganado lograda en este punto. Desde la perspectiva de los inconformes, ellos podrían empezar a atribuirse el fin del confinamiento y las restricciones sanitarias. ¿Quién dice la verdad?

Otro ejemplo de narrativas encontradas de un mismo evento es la historia de una guerra anunciada entre Rusia y Ucrania. Por semanas, el gobierno de Joe Biden ha estado advirtiendo al mundo de que Rusia “está a punto de invadir Ucrania”; pasaron de decir “en los próximos días”, “en las próximas horas”, a decir “en algún momento a partir de ahora”. Mientras tanto, no solo Rusia ha negado que intente invadir, sino el presidente de Ucrania ha pedido a los gobiernos occidentales que dejen de decir eso pues están afectando a su país; y en entrevistas a distintos medios, los ciudadanos ucranianos aseguran que todo está normal, que están acostumbrados a los actos provocativos de sus vecinos rusos.

Y en un vuelto inesperado, justo el día de hoy Rusia anuncia que varias regiones de Ucrania han declarado su independencia y ellos están prestos a reconocerla. Una narrativa un tanto distinta a versión militar difundida por los americanos -al menos hasta ahora-.

Este juego de especulaciones ha venido sacudiendo los mercados financieros, pues Ucrania juega un rol táctico para la provisión de hidrocarburos de Rusia hacia Europa y el mundo. Los ganadores son las otras naciones productoras de petróleo, los perdedores -claro además de los ucranianos- son los consumidores, pues tras el alza en los precios de hidrocarburos viene el aumento en precios de todo tipo de productos, empujando a la inflación global que ya padecemos.

A diferencia de esta lucha de poderes en el ámbito internacional, en México hay un vacío de contrapesos de poder. Es la versión del Poder Ejecutivo la narrativa de una nación donde todo funciona bien, contra un descontento social generalizado que ve en su realidad cotidiana una historia totalmente diferente, de pobreza, inseguridad, impunidad y corrupción. La prensa ha tratado de dar a conocer esta otra realidad -alternativa a las versiones oficialistas-, en ausencia de una voz sólida de la oposición o del Poder Legislativo. Tal responsabilidad le está costando vidas a la prensa mexicana.

No es solo saber quien dice la verdad, sino reconocer el gran poder de la manipulación, la propaganda que se ejerce veladamente. Un líder en campaña sabe que su mensaje, su rollo, es irrelevante, lo importante es realizar día tras día la dinámica de pararse frente a sus súbditos, para ser escuchado y obedecido, que aprendan quién ostenta el poder y a quién deben obedecer. El discurso desde un pedestal consolida los regímenes autoritarios, donde la verdad y los hechos es lo que menos importa. Es la búsqueda de perpetuar su poder.

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