Suicidio, realidad creciente en México

Hace unos días, decidió irse –como su padre mismo lo frasea– un chico de 20 años. El padre es uno de mis más entrañables amigos desde la adolescencia. A su hijo lo siento como mi propia familia. Las identidades las conservaré para la intimidad, pero la reflexión de la historia merece compartirse.

La semana pasada, un joven preparatoriano (Leonardo H. Valdespino) al que no logré disuadir de estudiar Periodismo, me preguntó, para su próximo podcast, qué pensaba del suicidio. Le di una respuesta fría, no por desinterés, sino por falta de contexto. Sólo atiné a decirle que, por las cifras, es una situación creciente y principalmente entre la población joven.

Como suele ocurrir, la realidad tiene más timing y mejor arco narrativo que la propia pluma de Joyce. Apenas días después, supe que mi querido amigo de cuasi infancia estaba en México (vive en Francia) y, por la noticia, me alegré casi tan súbitamente como me desalegré: vino al servicio funerario de su primogénito. Por la noche, pasado el ritual familiar, lo llevé a tomar algo. Su postura ante el evento, no exenta de duelo, me dio la respuesta para Leonardo: “Decidió irse el martes. Esa era una decisión que era sólo de él, de nadie más. A mí me toca respetar y seguir”. Vaya temple. Él siempre fue el más hippy-zen-izquierdoanarco-alivianado de nosotros, que nos asumíamos similares.

“Mi hijo padecía una forma de depresión funcional, esto le permitía llevar una vida ‘normal’. Sin embargo su gran sensibilidad le hacía constatar el colapso de la humanidad”, me confió. Sus reflexiones eran recurrentes. Su decisión, agregó mi amigo, tiene que ver más con una aspiración a una justicia y libertad que este mundo no puede hacer posible. “Su acto ha activado nuevos ciclos en nosotros para contribuir a la paz, la justicia, la libertad y el amor que el necesitaba”.

El suicidio es una realidad creciente en el país. En México, en 2006 (último dato disponible) hubo 6 mil 291 casos; una tasa de 5.1 por cada 100 mil habitantes. La tendencia en esta década se sostiene al alza: en 2010 era de 4.3 casos/100 mil hab. En español: ha incrementado casi una quinta parte.

El fenómeno está más presente en hombres y en jóvenes. El 81 por ciento de los casos lo cometieron varones, y la tasa más alta la presenta el rango de 20 a 24 años: 9.5 casos/100 mil jóvenes.

El suicidio fluctúa entre ser la segunda y la tercera causa de muerte, año tras año, entre la población de jóvenes. Sólo detrás de los accidentes viales. Los datos son del Inegi.

Y aquí, mi respuesta, Leonardo: el suicidio debe ser abolido cuando se anuncie como la única alternativa a los problemas biológicos, psicosociales o culturales de alguien. Debemos enfocarnos en evitar que nuestras y nuestros jóvenes crean que es la única forma de salir de sus situaciones.

Pero también, una vez establecidos los linderos de las múltiples alternativas, si alguien decide consciente, libre y lúcidamente terminar con su vida, debería ser también un derecho humano, como en otros países. Debería ser una decisión no orillada por el desconsuelo.

No hay una respuesta ni una postura fácil, Leo, pero mi posición es ahora menos fría. De lo único que estoy confiado es que ese sobrino, como dijo su padre, tomó una decisión que era sólo suya.

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