El estado mayor es el pueblo

A propósito de la inminente desaparición del Estado Mayor Presidencial, viene a cuenta la vulnerabilidad en cuanto a seguridad del próximo presidente electo, en las plazas que visita ahora en esta “gira de agradecimiento”, porque tenemos que entender que este presidente será de la plaza, de megáfono y templete.

Durante su visita a una de esas plazas del sureste, un compañero de profesión a quien le tocó cubrir el encuentro, tuvo acceso al presidente electo a estar a unos pasos, sin que nadie supiera su identidad y con una bolsa tipo “mariconera” que nadie revisó nunca. Y concluimos la conversación con él diciendo: Pude fácilmente atentar contra él.

Y aquí hay dos puntos neurálgicos del asunto.

Todos hemos sido testigos de una forma u otra, de la endeble seguridad que rodea al Presidente electo en sus actos públicos, por la propia decisión y personalidad del presidente: ¿Estamos listos para un eventual magnicidio?, ¿Es tiempo de replantear la desaparición total del estado Mayor Presidencial? Estos militares formados ¿irán a parar a la iniciativa privada, a los cuarteles, al bando contrario? Nadie lo sabe con certeza, habrá de todo lo anterior, sin duda.

El Estado Mayor Presidencial

Su origen se remonta al año de 1824, al establecimiento de la República, cuando el primer Presidente de México, el general Guadalupe Victoria, creó una Ayudantía General.

Luego el presidente Mariano Paredes y Arrillaga decretó el 27 de julio de 1846 la creación de un Estado Mayor Facultativo, bajo las órdenes del titular del Poder Ejecutivo, quien reglamentaría sus labores.

Y no podría faltar el General  Antonio López de Santa Anna, quién armó un cuerpo especial al que llamó: “Estado Mayor de su Alteza Serenísima”.

El 15 de Septiembre de 1857, Ignacio Comonfort, pidió la publicación del decreto mediante el cual se creaba el reglamento del Cuerpo Especial de Estado Mayor del Presidente de la República.

Hasta el propio Juárez, durante la intervención francesa, las funciones del Estado Mayor Presidencial las asumió un pequeño grupo de militares, responsables, no solo de su seguridad, sino de asistirlo.

Y así se ha mantenido prácticamente durante 200 años, con altas y bajas, con claros y obscuros y a partir del primer minuto del 1 de diciembre del 2018, desaparecerá oficialmente, gracias a las facultades de ejecutivo de ser el Comandante Supremo, no por capricho o necedad.

Y permítanme pensar mal: y si de verdad es un capricho y una necedad, ¿un “me canso ganso” para dar el primer golpe de autoridad del sexenio?

Y sigo pensando mal ¿vale la pena correr el riesgo que se corre como país en desarrollo “económico” y “democrático” de que ocurra una tragedia?

A partir del 1 de diciembre de 2018 el Estado Mayor Presidencial regresará a los cuarteles y ahora el estado mayor de la cuarta transformación es el pueblo, el pueblo sabio y bueno que sabe de aeropuertos e impacto ecológico, que desea un tren maya, será ahora, el estado mayor presidencial de la cuarta transformación.

Vale la pena poner en riesgo al presidente por algún desequilibrado o una conspiración que venga de los más altos niveles, al final es lo mismo, un presidente vulnerable, te vuelve una nación vulnerable.

La marea vinotinto, la cuarta transformación ¿está consciente de lo que significaría la eventual muerte de un mandatario en un país como el nuestro? Es pregunta.

Me canso ganso que no.

Tiempo al tiempo.

Redacción

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