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UTOPÍAS REGRESIVAS

Por Jaime Septién Crespo
En un diálogo reciente, sostenido al interior de un templo de Cádiz (sur de España) el ex presidente de gobierno Felipe González –siempre agudo, extraordinario polemista– habló de un tema muy en boga en América Latina y, en especial, en México: las «utopías regresivas».

Citando al ex presidente de Brasil, Fernando Henrique Cardoso, subrayó que «las utopías regresivas, siempre que se producen, son una estupidez». Y lo son.

González citaba el caso de un país imaginario (muy parecido al país en el que vivimos) como ejemplo: un país en que se decía que si lo de los setenta del siglo pasado había funcionado, pues entonces había que volver a los setenta del siglo pasado. Matar al neoliberalismo con el «neopobrismo». Es decir, matar la desigualdad promoviendo la pobreza pareja para todos, menos para los gobernantes «revolucionarios» (a los que González llama «robolucionarios»).

Como si en 50 años, los años de cambios más acelerados en la historia de la humanidad, nada hubiera pasado. En la economía eso es un desastre.

Toda ideología que quiere imponerse a la realidad, sea de derecha o de izquierda, es un desastre. En nombre de la idea totalitaria (siempre es una, porque los fanáticos, como decía el genial escritor judío Amos Oz, solamente saben sumar hasta uno). Y cuando se lleva al terreno de la salud no solo es una estupidez, es un crimen.

¿Cuándo, por el amor de Dios, va a dejarse de usar la ideología de la «robolución» (llámese 4T o como sea) y afrontar la realidad de quienes –jóvenes, niños, el presente y el futuro del país–necesitan la vacuna?

No la Abdala ni la Soberana II, sino la que funciona. La que impide que mueran como moscas. La que puede inyectar la verdadera esperanza de un país unido, luchando para que todos tengan una vida buena.

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