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¿Andrés Manuel I?

Hoy la democracia en México está muy cerca de López Obrador y muy lejos de la Constitución,

Hace casi cuatro años justos en el desaparecido portal Mxpress.mx pregunté: “¿López será presidente o emperador?”, porque “su forma de gobernar no distará mucho de la que tuvo su antecesor Ignacio López de Santa Anna”.

Quienes creyeron en la buena voluntad de un político que siempre ha hecho de la mentira y la simulación su principal arma, si no mataron a la vaca sí le amarraron la pata.

Hoy, gracias a legisladores del PRI y correveidiles de López en el legislativo, tiene las herramientas para dar un autogolpe de Estado y desaparecer la moribunda democracia mexicana.

La militarización de la Guardia Nacional, única policía preventiva e investigadora a escala federal, aún tendrá que pasar por la Suprema Corte, pero ya como un hecho consumado.

Todo será ya en bajada y facilito para López Obrador y sus aspiraciones de formar una dictadura castro-chavista en México, y tiene permiso para arreciar el acoso al INE y el INAE, principalmente.

Y será en subida para los mexicanos que creemos en una República, representativa y participativa, compuesta por estados libres y soberanos y unidos en una Federación.

No resulta tan increíble la maroma que tuvieron que dar legisladores y dirigentes de Morena y, el mismo macuspano, para justificar la militarización que reprobaron por 12 años.

Menos increíble es que Alejandro Moreno y Gustavo Moreira golpearan en la cabeza a la oposición, para salvaguardar sus traseros e impedir que les apliquen la prisión preventiva automática.

La Constitución tiene como apoyo una Corte titubeante, un pueblo medio dormido, una oposición desorganizada y aspirantes a presidentes gritones pero incapaces de organizar la resistencia.

Hoy hasta la “rebeldía” de Ricardo Monreal parece un teatro bien montado, para hacer creer que el macuspano es capaz de disentir civilizadamente con sus críticos.

López Obrador lleva cuatro años dando maromas y usando el presupuesto y medios públicos para negar el desplome de la paz pública y del Estado de Derecho.

Luego de cuatro años de dislates, falsedades, promesas incumplidas, delitos, apoyo al narcotráfico, avance en la militarización de la vida pública, la palabra de López Obrador no vale nada.

El apoyo internacional, como condenas de la Organización de Estados Americanos o del Alto Comisionado de los Derechos Humanos de la ONU solamente, son y serán sólo eso, condenas.

Desde luego no es casualidad que el operador del “último fraude patriótico”, Manuel Bartlett Díaz, sea hoy una figura principalísima en el gabinete del ladino macuspano.

Tampoco es casual que un conocido operador chavista, el dominicano Héctor Díaz Polanco, nacionalizado hace poco, sea quien dirija la Asamblea de Ciudad de México.

Menos aún es casual que los llamados médicos cubanos sean en realidad adoctrinadores o militares expertos en la represión y que López anuncie que serán su guardia.

Nicolás Maduro también tiene una guardia de militares cubanos que ingresaron a Venezuela como médicos o asesores militares y ahora manejan al Ejército.

Los gobiernos populistas que buscan un partido hegemónico, como el de Lázaro Cárdenas del Río, terminan con la democracia, como lo fue el “fraude patriótico” en 1940 contra Juan Andreu Almazán.

El de 1940 fue un fraude sangriento y pese a que Lázaro Cárdenas había prometido respetar el voto popular, sus huestes se dedicaron a asaltar casillas y matar opositores.

Entonces no existían carteles que compran votos, intimidan electores, asustan aspirantes, sino caciques como Gonzalo N. Santos quien aceptó haber matado opositores y asaltado casillas en julio de 1940.

Actualmente las huestes de López Obrador están conformadas por sindicatos gansteriles como la CNTE y con la “gente buena y trabajadora” a la que AMLO respeta sus derechos humanos.
Ninguno de esos grupo se va a tocar el corazón para erradicar opositores, estrangular universidades, ¿Y Va por México? Pues quién sabe por dónde vaya.

User007@mxpress.mx

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