¿Y por qué no?

Jürgen Griesbeck, vivía en Medellín, Colombia, cuando un sicario mató al futbolista Andrés Escobar porque había metido un autogol ante Estados Unidos, apartando a la selección de su país del Mundial de 1994.

El suceso lo impactó.  Dejó su carrera y buscó, de mil maneras, fomentar el vínculo entre fútbol y paz.  Ahora, junto con el centrocampista español Juan Mata (Manchester United), es el principal inspirador Common Goal.

Se trata de una organización sin fines de lucro y que quiere regularizar que uno por ciento de lo que produce la industria del fútbol vaya a los más desfavorecidos en diversos proyectos de todo el planeta.

La asociación entre Griesbeck y Mata proviene de una entrevista en la que este último había dicho que, en realidad, ganaba mucho dinero y que era una “burbuja” en la que vivía.  Griesbeck traía el tema del fútbol y la paz.  Se entendieron (donde hay solidaridad humana es difícil no entenderse) y surgió Common Goal.

¿Por qué?  “Porque el deporte en general, y el fútbol en particular, tienen una capacidad única (con permiso de la música) de unir y emocionar a la gente”, dice Mata en el manifiesto que da vida a este organismo, que ya ha cosechado las simpatías de 40 luminarias del balompié.

Mata agrega: “Porque millones de niños y niñas en todo el mundo sueñan con algún día ser jugadores/as profesionales de fútbol; y porque no sólo ellos/as, sino todos/as, merecen una educación y unas condiciones de vida que les permitan decidir su propio futuro, independientemente de su origen, de su sexo, o de su color de piel”.

Y porque ellos, los llamados “jugadores de élite” tienen una situación privilegiada y “algo así era y sigue siendo necesario, y porque haciéndolo en equipo y de forma global, se llega mucho más lejos”.

Common Goal. Parecía imposible.  Si hay algo inflado es el fútbol de las estrellas.  Pero si algo mueve dinero en el mundo es ese deporte.  Ya es una realidad.  Ahora falta que los barones de la pelota le entren.  Pero los jugadores como Mata y los emprendedores como Griesbeck, están echando a rodar la buena voluntad.  ¿Por qué no pensar lo mismo en todos los deportes, en la sociedad y en la política?  Uno por ciento que puede cambiar al mundo.

 

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