Los Tocables

Asolearse en el poder

El poder revela su verdadera naturaleza en los detalles mínimos, en esos gestos cotidianos que parecen irrelevantes y terminan por desnudar una lógica entera de gobierno. El episodio del video de la funcionaria asoleándose en Palacio, lejos de la anécdota ligera, expuso con precisión quirúrgica el estado de la conversación pública bajo la lógica de la llamada Cuarta Transformación: una arena donde la verdad compite en desventaja frente a la consigna.

La escena pudo haberse disuelto con discreción. Una explicación sobria, una aceptación sin aspavientos o incluso la indiferencia institucional habrían bastado. Sin embargo, el reflejo fue otro. Se activó de inmediato una maquinaria de defensa que ya opera con automatismo: voces alineadas, opinadores disciplinados y propagadores digitales que asumieron la tarea de negar la evidencia con fervor casi litúrgico. El video fue declarado falso con una seguridad que no provenía de la verificación, sino de la obediencia.

En cuestión de horas, se edificó una versión paralela de los hechos. La realidad quedó subordinada a la narrativa. La mentira adquirió rango de verdad oficial y la duda fue expulsada como traición. En ese ecosistema, la fidelidad se mide por la disposición a sostener lo insostenible, por la rapidez con la que se adopta la consigna sin someterla al mínimo contraste con los hechos.

El derrumbe llegó con la misma velocidad. La propia presidenta desmintió lo que sus defensores habían proclamado con vehemencia. El efecto fue demoledor: quienes habían asumido la vocería oficiosa quedaron exhibidos en una escena de descoordinación que evidenció algo más profundo que el error. Quedó al descubierto un mecanismo donde la verdad carece de valor intrínseco y su función depende del momento político.

La infodemia adquiere así su dimensión precisa: una saturación deliberada donde la acumulación de versiones diluye cualquier intento de certidumbre. El objetivo consiste en ocupar el espacio público con relatos que impidan distinguir entre lo verificable y lo conveniente. La conversación se convierte en un campo de ruido donde prevalece quien impone el ritmo, no quien aporta evidencia.
El desenlace agregó un matiz revelador.

La funcionaria fue separada de su cargo. La sanción recayó en la protagonista del hecho visible, mientras los promotores de la falsedad transitaron sin consecuencias. La lógica resulta elocuente: el problema radica en la exposición del acto, en la pérdida de control del relato, en la incapacidad de administrar la percepción pública.

El episodio, en su aparente trivialidad, ofrece una radiografía del momento. Un poder que reacciona con negación ante la disonancia, un aparato de defensa que sustituye el análisis por la consigna y una esfera pública tensionada por la fragilidad de la verdad.

La imagen de una funcionaria bajo el sol se convierte, así, en metáfora involuntaria de un sistema que prefiere deslumbrar antes que esclarecer.

Tiempo al tiempo.

@hecguerrero

Héctor Guerrero

Periodista. Director en @politicamx @TiempoReal_mx y @losfuertes.mx Adicto a la información. Apasionado y en línea con los deportes y la política. México

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