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Misticismo, tragedia, infortunio y drama

Treinta y cinco años ya se han cumplido desde aquella primera función de lucha libre en la Arena Querétaro, recinto predilecto en nuestra ciudad para disfrutar del deporte de las llaves, las rodadas, los vuelos y las máscaras.

La colonia España, privilegiada con este templo encordado diseñado por Carlos Maynes, vive casi cada semana, entre lo agridulce del folklor, el arraigo y la pasión de esta actividad que se ha conservado y consolidado a través de los años, como una catarsis más de esta cultura mexicana muy nuestra, muy viva y muy presente.

Misticismo, burla, cinismo, tragedia, infortunio y drama son los ingredientes de esta receta que ha echado sus raíces en las arterias de nuestra ciudad, entre los barrios y colonias donde empresas como LLQ, han brindado oportunidad a luchadores locales, que inconscientemente, plasman un reflejo vivido de nuestra sociedad a través de sus caracterizaciones.

Uno de ellos, Delirius, un muy joven pero ya consolidado luchador, que inició en esta disciplina a muy temprana edad, motivado por su tía, con quien disfrutaba de las funciones dominicales en tv e impulsado por sus padres, pisó por primera vez un cuadrilátero a los 7 años, en el deportivo Arteaga, donde la búsqueda de una vida sana, alejada de vicios y malas compañías, lo llevo a debutar profesionalmente 8 años después en la colonia Satélite, para más tarde, de la mano de Príncipe Valiente Jr., icono de la lucha local, estrenarse en la colosal Arena Querétaro.

«Para luchar, debes tener preparación, en mi caso entrenaba alrededor de 4 horas diarias y mezclaba la lucha con mi trabajo formal, pues desafortunadamente la lucha libre aun no es mi ingreso principal y tengo que ver por mi familia» nos comenta el ya Campeón de pesos completos de la LLQ, al preguntarle cuales son los requisitos principales para llegar a pisar los grandes escenarios.

Los bemoles que construyen esta tradición, convierten a la lucha no solo en un deporte si no en un reflejo de la vida misma, cimentada en el colorido popular, la lucha se convierte «per se», en una fuente de inspiración para muchos artistas, fotógrafos, diseñadores, escultores y escritores, quienes en la búsqueda por definir a la sociedad nutren sus obras de los contrastes que estos personajes aportan como una analogía perfecta de la dualidad humana.

«Abajo del ring, tienes que ser una persona normal, todo lo tranquilo y amigable que tú me ves ahora, mi relación con mi pareja y mis hijos tiene que quedarse ahí, porque arriba, tienes que ser otro,  Delirius (mi personaje) es agresivo, duro, loco,  y disfruta de hacer sufrir a sus oponentes, por eso mi mascara tiene una sonrisa, porque él ama lo que hace y tiene que ser así, porque en la lucha como en la vida, sabes cuándo te subes al ring, pero no sabes si vas a bajar»

Así pues, en EL QUERETANO estamos seguros de que la lucha libre es una aportación necesaria a la cultura de nuestra ciudad,  pues además de ser un deporte en el que en colonias como Cerrito Colorado, El Tintero, Satélite y Lomas de Casa Blanca por mencionar algunas, los jóvenes encuentran el escape perfecto, construyen una sólida base para el arte en esta capital, en su incansable búsqueda de identidad y cultura propias, motivo por el que te invitamos a que aprecies esta disciplina bajo otra perspectiva y valores el arduo trabajo que se requiere  para llegar a volar desde un encordado.

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Redacción El Queretano

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