Icono del sitio El Queretano

Y ahora, el circo

Desde hace mil años, México sueña con el famoso quinto partido.  Pero se ha quedado siempre en la orilla de los octavos de final.  Cuando califica en su grupo, claro está.  Eso no hace perder la esperanza del llamado “jugador número 12”.  El público.  Cuando va al Mundial la selección mexicana, somos de los primeros lugares en compra de boletos.  Y de los primeros en regresar a casa.

La pregunta que todo el mundo del futbol se hace es ¿por qué, si ese país tiene una selección de segunda, tiene una afición que paga, participa, sigue y apoya de primera?  La respuesta es sencillísima: la televisión.  Televisa ha inflado –con un talento superior a cualquiera otra empresa (me atrevo a decir) en el mundo—al futbol (y al futbolista), organizando mundiales, auspiciando equipos, metiéndoles millonadas y obteniendo, igualmente, una rentabilidad que apenas si empieza a decrecer por la sombra de otras cadenas nacionales y extranjeras que le han apostado, también, al futbol mexicano.

Viene el proceso de eliminatoria de la horrible Concacaf y es el momento de demostrar que somos “el gigante” de la zona.  Viene la Copa de Oro y debemos estar dispuestos “a mostrar que estamos entre los mejores del continente”.  Viene la Confederaciones y ahí estamos, “entre los mejores del mundo”.  Un amistoso contra la Sub-21 de Gales en Pasadena “y el TRI mete 90,000 aficionados, como ninguna otra selección en Estados Unidos”.  Todo es “orgullo nacional”; todo es “ponerse la camiseta”.  Porque “el equipo tricolor, tiene mucho corazón…”.

A la temporada de las ilusiones sigue, tras la competencia, la de las destituciones.  No sirvió “el Piojo” Herrera, tampoco, el doctor Mejía-Barón, Lavolpe, Lapuente, Roca, don Nacho Trelles, Menotti, Cárdenas, “el Vasco” Aguirre…  Comienza “una nueva era”.  Viene Osorio.  Y otra vez el quinto partido.  ¿Se logrará ahora en Rusia?  Siempre nos toca Brasil.  O Argentina, O sopla el viento en nuestra contra; o nos marcan penalti por un clavado ficticio en el área chica de un “holandés volador”.  Injusticia contra Rafa.  El presidente dice que no fue penal.  Y no fue.  La polémica está servida para los siguientes cuatro años.

El público mexicano ha sido el rehén.  Un rehén que acepta toda la mediocridad envuelta en el “sueño del juego del hombre”.  Su alma vibra cuando un locutor, tras el silbatazo inicial grita a voz en cuello: “Aficionados que viven la intensidad del futbol…”.  Son 90 minutos de “pasión” en los que siempre termina perdiendo México.  Queda en el recuerdo la pregunta de don Fernando Marcos: “¿Por qué a nosotros?”  No importa lo que pase en la cancha.  El futbol mexicano es cosa de la tele.  Y la tele somos todos.

Salir de la versión móvil