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Una ley que no debió ser

Chicago, IL.- En México acaban de oficializar la vieja práctica del “chayote” con la nueva Ley General de Comunicación Social, que inyectará enormes recursos públicos para que los gobiernos de los tres niveles promuevan sus logros en la prensa.

Sin embargo, lo que en realidad ocurrirá es el manejo del contenido en los medios de comunicación, que serán premiados o castigados con la publicidad oficial, esquema utilizado ampliamente por el gobierno federal que ahora cobrará validez en los estados y municipios.

Pero esta situación no es algo nuevo, ha venido ocurriendo desde hace décadas, solamente que ahora será totalmente válida bajo la nueva ley.

La periodista Ana Lilia Pérez, de Newsweek en español, recuerda que en una cena con periodistas el 28 de marzo de 2016, el entonces presidente de EEUU, Barack Obama, dijo que el periodismo es indispensable, porque la gente lo necesita para descubrir la verdad.

“Las personas reales dependen de información en la que puedan confiar porque cedieron la toma de decisiones, que tiene un efecto profundo en sus vidas, en un grupo de personas que son bastante lejanas y muy rara vez tendrán acceso a ese funcionario o político para hacerle una pregunta”, dijo Obama.

“Las personas confían en los periodistas cuando les dicen que hay un problema en sus escuelas, o que su agua ha sido envenenada, o que sus candidatos están promoviendo proyectos que no son ciertos. Por eso los reportajes de investigación, los cuestionamientos informados, las historias de profundidad —el tipo de periodismo que honramos hoy— es más importante que nunca y, por cierto, dura más que algunos tímidos tuits que se escapan de nuestras pantallas al pestañear, que pueden obtener más éxitos hoy, pero no resistirán la prueba del tiempo. Esa es la única forma en que nuestra democracia puede funcionar”, sentenció el ex mandatario.

El Senado mexicano acaba de avalar la iniciativa que según la oficina del Alto Comisionado de Naciones Unidas para los Derechos Humanos no cumple con los estándares internacionales de derechos humanos, porque atenta contra el periodismo, cuya necesidad es fundamental en cualquier democracia.

La nueva Ley General de Comunicación Social es un mecanismo de control para la prensa con una profunda afectación para la sociedad en general.

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