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Pláticas con el chamuco

Quienes piensan que la alianza de oposición ya desapareció, que el PRI entero se sumó a López Obrador, que una de sus corcholatas va en caballo de hacienda rumbo a 2024, están dormidos.

La situación de 2024 sigue casi tan lejana hoy como hace 15 días, y antes de pensar en alianzas, habrá que vivir en el país al que nos llevará la ambición de Andrés Manuel López Obrador.

Uno de los mejores chistes hoy, es ver las encuestas de popularidad de López Obrador y después consultar Twitter, Facebook, WhatsApp para tratar de encontrar a esa mayoría aplastante.

También es risible que esté lleno de encuestas en las que Morena muestra una victoria abrumadora en un presunto proceso electoral de 2024, porque hoy ni siquiera hay garantías de que existirá.

Hoy, hoy, hoy, me parece más probable que México vaya a terminar como Venezuela, con un narcodictador encaramado en el poder, un país dividido, y quizá un “Juan Monreal”…

En el aquí y ahora de México lo que sobra son bombas sin detonar: La inflación, las finanzas públicas, el TMEC, la calificación crediticia, el ataque a los organismos de control, la posible recesión mundial…

El aumento de la pobreza, la baja generación de empleo, la enorme caída del PIB per cápita, la reducción en la cobertura de salud, el aumento en la delincuencia, los jóvenes que dejaron la escuela…. Etcétera.

Y de las obras faraónicas, las megadeudas de Pemex y CFE, la posibilidad de que el legislativo de Estados Unidos declare a México un narcoestado, luego hablamos.

“Haiga sido como haigas sido”, la semana pasada se creyó que a finalmente algo le salió bien a López: Quebrar la alianza y recuperar la mayoría constitucional en la Cámara de Diputados.

Pero la alianza que López piensa destruida goza de cabal salud, en cambio, la que el oficialismo piensa haber parido con el PRI nació deforme y con colas de rata.

La traición Alito-Moreira por motivos de impunidad, graniza cuando las planta todavía no comenzaba a germinar, así que la tormenta hace daño, pero si hay sol la alianza opositora germinará en 2024.

Los emisarios del pasado, Alito y Moreira, no las traen todas consigo, ni dentro del PRI, porque son las siglas y ellos, los que están fuera de la alianza, no los cuadros ni la élite priista.

Y como diría Manuel Bernardo Aguirre (Quien no terminó la primaria pero sí gobernó Chihuahua, esa es otra historia) la actual situación ni nos perjudica ni nos beneficia sino todo lo contrario.

Si diputados exgobernadores de Campeche y Coahuila piensan que no van a seguir en tres y dos, para usar lenguaje macuspano, todo indica que su penar no ha terminado.

Moreira tendrá que alejarse de la sucesión en Coahuila, si es que Miguel Ángel Riquelme Solís no quiere como sucesor a Mejía Berdeja, por lo que deberá apelar a una alianza.

La pus de Alito en Campeche va a seguir fluyendo, Roberto Madrazo se está encargando, y conforme caiga la popularidad de la septuagenaria Layda Sansores, la investigación puede revivir.

Y si las leyes secundarias que militarizan temporalmente a la Guardia Nacional ya pasaron su trámite legislativo, más van a tardar a inscribirse en el fuero militar que enfrentar los amparos.

Esas leyes van a recibir condenas internacionales como en la Corte Interamericana de los Derechos Humanos y quizá no en este sexenio, pero sí en el siguiente, deberán ser derogadas.

El affaire Alito-Layda es una muestra clara de la copro-política con la que López Obrador gobierna y con la cual piensa fundar un minimato, si el “generalísimo” Luis Crescencio Sandoval no le roba la paleta al niño.

En suma, los que piensan que ya hay un puente sobre el río, deberían esperar a estar en la orilla para saber si hay o no forma para cruzarlo.

User007@mxpress.mx

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