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La Revolución Mexicana, 110 años después

Este año, los mexicanos conmemoramos 110 años de lo que se conoce como la Revolución Mexicana, es decir, la lucha armada encabezada por Francisco I Madero  para derrocar al entonces presidente, Porfirio Díaz, quien se había asentado en el poder por más de treinta años y que a pesar de que había logrado avances importantes en la modernización del país, arrastraba lastres insoportables en justicia social, democracia, libertad de expresión, educación entre otros.

A pesar de haber logrado el objetivo de quitar del poder al llamado “Dictador Mexicano” en solo un año de lucha, la Revolución Mexicana se prolongó casi veinte años, dejando un saldo de miles de muertos y una agenda aún pendiente en lo que se refiere a la consolidación de la democracia -pilar fundamental del movimiento- y el establecimiento de políticas públicas enfocadas a lograr la justicia social para todos los mexicanos. 

¿Cómo podemos resumir la Revolución Mexicana en algunos párrafos?

Si hay algo que caracterizó a este movimiento armado fue la lucha por el poder entre sus caudillos. Al llegar a la presidencia Francisco I Madero, en 1911, no solo conservó parte del gabinete porfirista,  también hizo a un lado las demandas agrarias de Emiliano Zapata y Pascual Orozco redactadas en el Plan de San Luis, documento que dio comienzo al movimiento armado contra Díaz, lo que causó el descontento y sublevación de ambos revolucionarios contra el nuevo presidente. 

Paradójicamente, Madero utilizó las tropas heredadas de Porfirio Díaz para repeler a los revolucionarios que lo habían llevado a conquistar la presidencia. El encargado de combatir la revuelta fue el general Victoriano Huerta, el mismo que meses después, con el apoyo de la embajada norteamericana y el general Félix Díaz (sobrino del dictador) desató la llamada “Decena Trágica” para destituir a Madero, asesinarlo y asumir la presidencia de la república. El móvil  para deshacerse del presidente revolucionario partió de la negativa de las empresas petroleras y mineras a pagar impuestos por la extracción los recursos naturales mexicanos, propuesta por Madero.

El Ejército Constitucionalista y la lucha de caudillos por el poder

El golpe de Victoriano Huerta desató una nueva sublevación revolucionaria en contra del gobierno federal. Ahora, la dirección del movimiento surgió en el norte  a través de exgobernador de Coahuila, Venustiano Carranza, autoproclamado Primer Jefe del Ejército Constitucionalista. Mediante el Plan de Guadalupe desconoció a Huerta como presidente y planteó el establecimiento de un gobierno fundamentado en la necesidad de una nueva carta magna. 

En este grupo armado, destacaron revolucionarios fundamentales en el derrocamiento del presidente Huerta, que fueron Francisco Villa, Álvaro Obregón, Plutarco Elías Calles y Pablo González, que combatieron en todo el norte del país, mientras que en el sur, Zapata logró importantes avances con el mismo propósito: quitar del poder al “presidente traidor”.

La nueva victoria revolucionaria en 1914 trajo nuevos conflictos entre los caudillos. Al no obtener respuestas claras en lo que se refería a las demandas agrarias y sociales por parte del presidente Venustiano Carranza, los generales Francisco Villa y Emiliano Zapata decidieron rebelarse en contra del Primer Jefe, lo que ocasionó un nuevo conflicto armado en el que ambos revolucionarios fueron derrotados por las tropas carrancistas encabezadas por el general Álvaro Obregón. 

Zapata, un aliado que contribuyó enormemente en el sur del país para que el Ejército Constitucionalista pudiera acceder al poder, fue asesinado a traición por órdenes de Venustiano Carranza.

Las guerras intestinas en los gobiernos posteriores a la revolución

El conflicto entre caudillos para obtener el control del país no terminó con el establecimiento de Venustiano Carranza en el poder. Poco después de haber instalado el Congreso Constituyente de Querétaro, del que surgió la actual Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos y de asumir la presidencia de la República en 1917, el Primer Jefe de la Revolución tomó la decisión de imponer a su sucesor para las elecciones de 1920, lo que provocó  desacuerdos en su círculo político-militar y una nueva revuelta armada en su contra, dirigida por los generales Álvaro Obregón y Plutarco Elías Calles.

La oleada de violencia empujó al presidente Carranza a tomar un tren y escapar de la Ciudad de México, llevándose consigo el gabinete y el tesoro de la Nación, con la idea de establecer provisionalmente el gobierno en Veracruz, sin embargo, fue emboscado y asesinado en Puebla, lo que dejó el camino libre a Álvaro Obregón para asumir la presidencia de México en 1920.

Durante su periodo presidencial Álvaro Obregón se encargó de acabar con todos los caudillos que pudieran causarle problemas, entre ellos el más importante, Francisco Villa, al que mandó asesinar en 1923. Al término de su periodo de gobierno en 1924, y gracias a una modificación constitucional tres años después, Obregón decidió reelegirse como presidente de México, lo que logró en el proceso electoral de 1928. 

En ese momento, el país se encontraba inmerso en un nuevo conflicto armado. El gobierno de Plutarco Elías Calles -sucesor de Obregón- decidió endurecer su trato hacia la iglesia católica, lo que provocó una insurrección llamada la Guerra Cristera, donde participaron dirigentes católicos, curas y fieles de varios estados del país. 

La Asociación Católica de la Juventud Mexicana y consideró en esos momentos que, de llegar nuevamente a la presidencia, Obregón llevará la misma línea dura hacia la iglesia que Elías Calles, por lo que confabularon el asesinato del candidato electo por parte de uno de sus miembros, José León Toral. 

No fue sino hasta 1929 que México pudo respirar un poco de los conflictos armados entre caudillos. Durante un largo periodo, Plutarco Elías Calles se convirtió en el Jefe Máximo de la Revolución lo que le dio el poder de imponer a varios presidentes en México en un periodo llamado “El Maximato”, mismo que terminó cuando el general Lázaro Cárdenas llegó a la presidencia de la República en 1934.

A 110 años de distancia, se puede apreciar cómo la llamada Revolución Mexicana no cumplió sus objetivos principales. A diferencia de la revolución rusa o la cubana, en las que hubo cambios radicales en lo que respecta a la reorganización política y las formas de ejercer el poder, en México se vivió un periodo de más de 20 años de inestabilidad, muerte y conflictos armados que dieron paso a la conformación de la llamada “Revolución institucionalizada” y a un partido político hegemónico, el PRI, que ejerció el poder 70 años. “Pasamos de Don Porfirio a Doña Porfiria”, dirían algunos.

No se puede negar que la creación de instituciones por los gobiernos revolucionarios generó algunos avances en los ámbitos social, educativo, agrario u obrero, sin embargo, estos quedaron a merced de la corrupción e intereses políticos particulares, lo limitó su efectividad de dar respuesta a las necesidades y anhelos de la población en todos estos años.

¿Por qué la necesidad de resumir los orígenes y circunstancias del movimiento armado de 1910? A pesar de que es un tema que se puede conocer desde la educación básica, existe un desinterés evidente -sobre todo en las nuevas generaciones- de saber qué fue lo que ocurrió en esa parte de nuestra historia, quiénes fueron sus protagonistas y las razones por las que tomaron sus decisiones.

¿Hacia dónde vamos si una parte importante de la niñez y la juventud de México solo relaciona a la Revolución con un “puente” para no asistir a clases o una tarea tediosa que entregar en la escuela? ¿Cómo le harán para no cometer los errores del pasado si les son tan ajenos y desconocidos? 

Queda a la reflexión, 110 años después de uno de los movimientos armados más importante de nuestra historia.

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Israel Pérez Valencia

Docente universitario, capacitador especializado en comunicación social y organizacional; periodismo y educación.

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