MiradorQueda a la reflexión

La otra pandemia

El pasado 1 de mayo, el Departamento de Evidencia e Inteligencia para la Acción en Salud, de la Organización Panamericana de la Salud (OPS), publicó su hoja informativa número 5 titulada “Entender la infodemia y la desinformación en la lucha contra la COVID-19”.

En este documento, la OPS -organismo afiliado a la Organización Mundial de la Salud (OMS)- advierte que estos dos fenómenos, surgidos del actuar irresponsable de algunos medios masivos de comunicación, empresas, así como del imprudente y acelerado uso de las tecnologías de la información por parte de los ciudadanos, han contribuido al crecimiento e impacto del coronavirus en todas las naciones.

Pero ¿a qué se refiere la OPS con el término infodemia? 

Se trata de un fenómeno donde se genera un exceso de información en la sociedad, tanto veraz como imprecisa, que de acuerdo al documento “dificulta a las personas el encontrar fuentes confiables y orientación fidedigna cuando las necesitan”. Esto ha generado una pandemia desinformación en todo el mundo, tan contagiosa como la del SARS-CoV-2, que no permite tomar buenas decisiones, provoca ansiedad, incertidumbre; falsas expectativas, fatiga emocional y lo más grave, la resistencia ciudadana a seguir indicaciones de las autoridades sobre las medidas para evitar contagios en la población.

¿Cómo contribuyen los diferentes actores a la infodemia y la desinformación?

En nuestro entorno, existen medios de comunicación, nacionales e internacionales, que en el afán de responder a sus intereses políticos y empresariales, así como generar rating a cualquier precio, transmiten información parcial, sesgada, no verificada y con elementos sensacionalistas; dan prioridad a la opinión sobre la información y promueven el linchamiento mediático señalando “héroes” y “culpables” de acuerdo a su línea editorial, haciendo a un lado la gran responsabilidad y compromiso que tienen con la sociedad.

Otro aspecto que también atañe a los medios masivos de comunicación es la pobre preparación de sus reporteros y editores en el periodismo de ciencia. Al no contar con las herramientas necesarias para comprender e identificar la información útil y buscar fuentes adecuadas para interpretar o corroborar datos, la información que trasmiten se reduce a declaraciones polémicas e inútiles de políticos oportunistas y otros personajes públicos ignorantes del tema o datos que solo promueven el sobresalto y no la concientización. 

Por si fuera poco, están también empresarios y comerciantes irresponsables, que a río revuelto, ofrecen en los medios y las redes sociales productos y servicios “milagrosos” contra el COVID-19, que en realidad son inservibles porque no cuentan con sustento científico o el aval de las autoridades de salud.

¿Cuál es nuestra responsabilidad ante la infodemia?

Los ciudadanos podemos contribuir a contrarrestar la infodemia, y esto se logra asumiendo la responsabilidad de ser más selectivos con la información que consumimos y que ponemos en nuestros espacios. Pensando en el beneficio propio y de la gente de nuestro entorno, debemos anteponer el concepto de utilidad en la información, romper las cadenas de rumores y datos de fuentes dudosas o no verificadas, darnos un espacio para analizar lo que vemos, leemos y escuchamos; validar si lo que se da a conocer en los medios va en sintonía con la información oficial de las autoridades federales, estatales y municipales o de los expertos y especialistas de instituciones reconocidas, que deben ser nuestras fuentes primarias en materia de salud. 

El escándalo y el sobresalto pueden, sin duda, aumentar los “likes” y hacernos más “populares” en las redes sociales, pero la pandemia del COVID-19 no es un juego. La desinformación está contribuyendo al aumento de contagios y a generar daños importantes en la salud mental de las personas. Por ello, la OPS subraya la importancia de verificar la información que se difunde antes de compartirla e incluso, determinar si tiene sentido divulgarla aun cuando provenga de una fuente segura y haya sido compartida anteriormente, es decir, reflexionar si estos datos realmente abonan a lo importante, que es la salud y bienestar de las personas.

Superar la pandemia de COVID-19 implica la corresponsabilidad de autoridades de salud, gobiernos y la sociedad. Queda claro que la enfermedad no reconoce clases sociales, edad, sexo, ni ideologías políticas, de ahí la importancia de que la población consuma información confiable que le permita tomar las mejores decisiones para el cuidado de sí mismos y de los demás.

Etiquetas

Israel Pérez Valencia

Docente universitario, capacitador especializado en comunicación social y organizacional; periodismo y educación.

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Botón volver arriba
Cerrar