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T-MEC, señales encontradas

La próxima semana deberían iniciar las rondas formales de revisión del Tratado de Libre Comercio de Norteamérica, un acuerdo fundamental para la economía de la región. Y, sin embargo, nadie sabe a ciencia cierta qué va a pasar.

La Casa Blanca se encuentra enfrascada en otra negociación: el cese al fuego de su guerra contra Irán, que tiene limitado el abasto mundial de petróleo, afectando a casi todo el planeta. E igualmente parece estar consumiendo mucho de sus recursos militares, materiales y humanos. Lleva semanas anunciando su triunfo, continúan ataques aislados, y algunos consideran que el verdadero ganador de ese acuerdo es Irán.

La misma presidenta Sheinbaum ha tenido que salir a asegurar que no se permitiría ninguna intervención gringa en el territorio nacional y ha negado rotundamente que su gobierno tenga nexos con el crimen organizado -incluso sugiriendo que los vínculos mafiosos ocurren con los fabricantes de armas estadounidenses-. Esto en respuesta a recientes declaraciones de Donald Trump en una cumbre internacional en Francia, con amenazas de que su gobierno podría mandar tropas a México.

En contraste con ese ruido mediático-político, la Casa Blanca ha estado callada respecto a Canadá, el embajador americano ha dicho que no se ve un acuerdo comercial en el futuro de las dos naciones, mientas que las negociaciones comerciales con México ya van muy avanzadas. O sea, desde este lado de la frontera, pareciera que Trump tiene una postura más amigable hacia el sur en materia comercial, no así con sus vecinos del norte.

Por su lado, el primer ministro Carney ha seguido sus constantes viajes por Europa, Asia, India y Medio Oriente, promoviendo posibles acuerdo comerciales bilaterales en caso de que la Casa Blanca decida cancelar el T-Mec.

Los reportes noticiosos indican que la administración Trump sí decidió iniciar primero negociaciones bilaterales con México, dejando a Canadá fuera de las primeras rondas oficiales. De hecho, la Oficina del Representante Comercial de Estados Unidos anunció tres rondas de trabajo con México sobre reglas de origen, agricultura y competitividad, sin anunciar un calendario equivalente para Canadá. 

Conociendo la veleidad de Donald Trump, que “como dice una cosa dice otra”, todo podría ser parte de una estrategia para presionar y amedrentar a ambos socios. En las más recientes declaraciones de Mark Carney, dijo que Canada buscará un acuerdo conveniente, no “cualquier acuerdo”… Aunque sus acciones reflejan aquel dicho de espera lo mejor, pero prepárate para lo peor.

En los 20 años que llevo viviendo en Canadá, he notado que, a pesar de lo enorme de su territorio, quizá por el pequeño tamaño de su población y menos complejidad política, los cambios estructurales se dan con más facilidad que en México. Lo cual no significa que si lo sacan del T-Mec, no vaya a tener un profundo impacto en nuestra economía, pero podría sobrevivir.

Aunque todo apunta que el T-Mec prevalecerá, persiste la remota posibilidad de que Estados Unidos lo cancele y opte por acuerdos bilaterales independientes.

Si bien es cierto que en muchas ocasiones Trump ha criticado el gobierno mexicano y ha amenazado con operaciones militares en su territorio – y realmente tendría el poder para hacerlo-, a diferencia de Irán o Venezuela, México es una nación mucho más sólida, con un aprecio y reconocimiento a nivel mundial a pesar de las duras críticas periodísticas internas y la realidad de la inseguridad y la corrupción.

México es demasiado importante para las cadenas de suministro estadounidenses. Desde automóviles hasta productos agrícolas, millones de empleos en ambos países dependen de mantener una relación comercial funcional.

En cambio, con Canadá la relación se ha deteriorado por disputas sobre aranceles, energía, madera, acero, impuestos digitales y hasta por el tono político entre Trump y el gobierno canadiense. 

Mientras los negociadores políticos discuten si Norteamérica seguirá siendo un solo mercado, millones de aficionados ya demostraron que puede ser una sola fiesta. El Mundial ha hecho algo que la política parece incapaz de conseguir: reunir a los tres países bajo un mismo techo. Contra muchos pronósticos, el torneo ha transcurrido sin incidentes serios. Las imágenes que recorren el mundo no son de soldados ni de aranceles, sino de estadios llenos de camisetas verdes, de miles de mexicanos celebrando en las calles de Dallas, Los Ángeles, Chicago o Toronto junto a aficionados estadounidenses y canadienses. 

Las misiones comerciales siguen negociando dónde continúan y dónde terminan las fronteras comerciales; el futbol, mientras tanto, lleva semanas demostrando que las fronteras de Norteamérica también pueden borrarse y ser el punto de encuentro para gente de todo el mundo. Casos como el de dar hospedaje en Tijuana al equipo de futbol de Irán, cobijándolos mientras los gringos los trataron como adversarios en medio de una guerra al otro lado del charco, está dando una imagen muy positiva a Mexico. 

Independientemente quien gane la Copa, México ya ganó como la nación más apasionada, donde mejor se trata a los turistas y donde todos pueden ser parte de la fiesta. Pronto sabremos si el espíritu futbolero es capaz de salvar las negociaciones comerciales del T-Mec.

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