Una de las claves del desarrollo económico es la estabilidad y la certidumbre. Lo opuesto, el caos y la incertidumbre desestabilizan mercados y ahuyentan las inversiones. La Casa Blanca ha movido como piezas de ajedrez sus políticas económicas extranjeras, impone aranceles, los retira, los cambia, perdona sanciones, hace exigencias no tan solo económicas.
En este juego de la incertidumbre, Canadá sonríe a la Casa Blanca por un lado, pero le cierra el ojo a otros gobiernos y otros bloques económicos; buscando salvar lo que se pueda del viejo acuerdo trilateral de Norte América, pero expandiendo sus horizontes hacia otros mercados y nuevas inversiones, alejadas del vecino del sur.
México, por su parte, ha estado luchando por mantener vivo el acuerdo trilateral y hace concesiones políticas en la lucha contra el narco para mantener contento a Washington. La atención se concentra en las luchas intestinas de poderes contra otros organismos y cubriendo las deficiencias sistémicas como los déficits y carencias de la seguridad social.
En tan solo un par de semanas, Canadá recuperó su estabilidad interna, pues aunque en Quebec el nuevo partido en el poder tiene corte separatista, está consciente del agitado ambiente macro político y ofreció no sacudir las aguas independentistas. Con 75% de los votos en el referéndum de Alberta (la provincia petrolera), los ciudadanos decidieron quedarse dentro de la federación y los agitadores sociales, presuntamente alimentados por agentes políticos de Estados Unidos, están siendo purgados del partido en el poder.
Es interesante como Washington quiere controlar la narrativa, pues antes del referéndum no mostraban interés en reactivar negociaciones comerciales con Canadá, y ahora que la sociedad tomó su decisión, “y el fantasma de la separación se disipó”, los gringos quieren volver a la mesa de negociaciones.
Y, sin embargo, el embajador americano ha acusado formalmente a oficiales del gobierno canadiense de estar tratando de manipular sus elecciones de medio término. Lo que sí es un hecho, es que ante la guerra arancelaria tipo David y Goliat, el gobierno de Carney lanzó la piedra de aranceles estratégicos contra estados dominados por el Partido Republicano.
Carney está consciente de lo que está en juego. Ya formalizó un plan de seguridad nacional donde incluye potenciales pero fuertes amenazas internacionales. Y ha metido velocidad en sus alianzas estratégicas. La semana pasada los líderes de la Unión Europea llegaron a Canadá para formalizar el proyecto de hacer del país del maple el primer “estado asociado” de la Union Europea. Pocos días antes, el presidente de los Emiratos Árabes vino también a firmar un acuerdo de libre comercio. Un par de semanas atrás, Carney firmó en Turquía otro acuerdo de entendimiento de colaboración económica, de defensa y energía.
Y para redondear la profunda transformación de la infraestructura existente, Carney acaba de anunciar un segundo proyecto de interés nacional, que es la construcción de una segunda terminal portuaria en Vancouver, el puerto más grande del país. Que se suma al primer proyecto, que es construir un oleoducto de Alberta a Colombia Británica.
¿Parte del plan o casualidad? El premier (gobernador) de Colombia Británica que era del NDP, tuvo la gran idea de convocar a elecciones de emergencia buscando aumentar su mayoría parlamentaria, tan solo a la mitad de su mandato, y acabó perdiendo la chamba y dando un gobierno mayoritario al Partido Conservador, que ha sido desde hace tiempo promotor de los oleoductos; mientras que el NDP se oponía.
Hay muchos planes cocinándose, pero como el líder nacional del partido conservador ha criticado, la puesta en marcha de la mayoría de ellos podría tomar años. Y, sin embargo, hay un gran empuje a recibir más inversiones privadas. Como dicen por ahí, uno espera lo mejor, pero se prepara para enfrentar lo peor.
Y en este caso, el tema de las elecciones intermedias de los Estados Unidos representa un alto riesgo para la presente situación geopolítica. Donald Trump en múltiples ocasiones desde su primer mandato ha sido extremadamente reacio a aceptar derrotas electorales. Las amenazas contra Canadá de estar buscando alterar los resultados de la misma podrían tener serias consecuencias.
En ese sentido, no parece haber riesgo directo para México, pues no hay noticias de alguna influencia en el proceso electoral gringo. Sin embargo, el riesgo viene del supuesto caso de inmigrantes ilegales votando específicamente a favor de los candidatos demócratas.
Canadá ya está en el centro de las acusaciones de Washington por sus represalias comerciales y sus declaraciones públicas contra los aranceles. México, en cambio, enfrenta presión en las áreas de migración, narcotráfico, fentanilo, seguridad fronteriza y comercio. Si Trump necesita explicar una derrota electoral, podría intensificar sus acusaciones contra México en esos terrenos.
La salida no parece fácil, pues por un lado el triunfo de la oposición al gobierno de Trump podría significar volver al equilibrio de poderes y hacer contra peso a las decisiones unilaterales de la Casa Blanca. Pero, por otro lado, perder posiciones políticas en las elecciones, desataría la ira del mandatario gringo.
Y es así que, por ahora, lo único seguro es la incertidumbre, en medio de la cual los tres países tienen que intentar salvar un acuerdo trilateral de comercio y mantener fluyendo mercancías e inversiones.

