Hace un par de semanas hice un viaje rápido a Querétaro, y aunque no es la primera vez desde hace 21 años que me vine a vivir a Toronto, tenia muchos años que no iba a la Sierra Gorda. En viajes anteriores me costaba ver la gran metrópoli en que se ha convertido la ciudad. Y sigue siendo como aquellas películas de ciencia ficción, una sensación de volver a un futuro o un universo alternativo.
El momento fue crítico dadas las condiciones internacionales: la recién captura del Mencho, que alteró la paz del país, el inicio de la guerra de Estados Unidos contra Irán y amenazas de ataques terroristas, además del anuncio de que el temido grupo ICE estaría reforzando la vigilancia de aeropuertos y apoyando a los trabajadores federales gringos que siguen sin recibir sueldos.
¿Por qué digo esto? Pues porque mi muy internacional Querétaro no tiene vuelos directos a Canada, y me vi obligado a volar vía Houston; volar a la CDMX resultaba más caro. De hecho, aun antes del gran aumento a combustibles, volar a Querétaro desde Toronto es más caro que volar a casi cualquier ciudad de Europa. A diferencia de viajes anteriores, además de lo caro, es lo limitado de los horarios y los precios. Volar de sábado a sábado costaba $1,400 dólares, de viernes a viernes bajo a $950; ¡y si quería asegurar reembolso del vuelo, el costo subía a $4,000 dólares! El regreso a Canada, requería en la mayoría de los casos, pasar una noche en Gringolandia, como si no hubiera conexiones disponibles.
Cuando vuelas de Toronto a los Estados Unidos pasas migración gringa desde aquí; así que al llegar es como vuelo doméstico, no pasas de nuevo migración ni seguridad. Gran contraste con el vuelo de regreso, de Mexico a Houston, no solo tienes que cruzar migración, sino que debes atravesar por revisión de seguridad, esta vez atendida casi por completo por los soldados de ICE; que para esas fechas ya habían pasado de espectadores a operadores.
Ah, y para tener el precio bajo, la salida es muy temprano o muy tarde. Mi vuelo de ida fue el 1º del día, y me enteré entonces de que Toronto tiene un tipo de toque de queda que limita vuelos antes de las 6:30 am. Eso implica no dormir, pues hay que estar en el aeropuerto a las 3:00 am, antes de que empiecen a operar cualquier servicio aeroportuario.
Pasamos por Houston sin incidente y aterrizamos en Querétaro por ahí de la 1:30 pm. Mi primera sorpresa fue el paso por migración. A diferencia de todas las veces anteriores en que me obligaban a entrar con pasaporte mexicano -que intenté hacerlo, pero las máquinas me rechazaron-, ahora pude entrar con el pasaporte canadiense, con el cual inicié el vuelo. Eso refleja una mayor integración con los sistemas de seguridad de vuelos internacionales.
Y después de salir de Houston fue como dejar atrás el mundo mundial como lo vemos en las noticias internacionales, para adentrarme en el realismo mágico de Mexico. Lo que me hizo caer en cuenta que las cosas que escribo desde Canada, a veces no parecen tener mucha resonancia en el lector queretano; parecen temas ajenos o muy lejanos.
El clima, el aire, el calorcito, los olores (pan recién horneado en la sala de llegadas del aeropuerto) te van sumergiendo en otra realidad. El idioma no cambio tanto, pues en Houston se oye español por todos lados; en Canada, no. Y así de pronto estás en casa, que ya es como otra casa; con zonas que no cambian, pero muchas otras que sencillamente antes no existían, pero que en conjunto son parte de este nuevo Querétaro.
Claro, mi viaje tenía el propósito de visitar a la familia y atender papeleos burocráticos; todo lo cual salió muy bien. De hecho, me sorprendió el avance en los trámites bancarios. No hace mucho, era impensable hacer algo sin contar con credencial de elector (o INE), que hace 20 años no tengo. Ahora el gran identificador es el CURP -del cual tengo mala memoria, pues la RENAPO me cambió hasta el acta de nacimiento-, pero ahora aceptan pasaporte como identificación oficial. Muchos tramites se hacen en línea o a través de WhatsApp.
A esto me refiero con una vibra más internacional; no solo en la vida cotidiana de Querétaro, sino un reconocimiento a la existencia de millones de mexicanos que vivimos fuera del país, pero que tenemos aún lazos no solo familiares sino con lo que podíamos llamar “el sistema”. Diversas instituciones están flexibilizando sus reglas y ofreciendo opciones, como el reactivar programas de pensión del Seguro Social.
Una vez concluidos los trámites, decidimos organizar un tour familiar a la Sierra Gorda, que yo no visitaba desde hace 20 años. Mi primera sorpresa fue saber las múltiples opciones turísticas, que además de confiables y profesionales son accesibles.
El camino hacia la Sierra me dejó ver el contraste del corredor Querétaro-San Juan del Rio, y el valle central, con gran actividad económica, naves industriales mezcladas con sembradíos; carreteras modernas y amplias y lo que sigue hacia las montañas… Llegando a Peña Blanca, el inicio oficial de la Sierra, el tiempo parece avanzar un poco más lento, la carretera no se ha ampliado y al menos el área de San Joaquin, el Mirador Cuatro Palos y la cascada de El Chuveje, parecen congeladas en el pasado. Lo digo en el mejor de los sentidos. Desconozco si es parte de un esfuerzo ecológico y cultural por preservar la región sin contaminaciones modernistas o un poco de descuido gubernamental. Algunos caminos sí requieren arreglos, pero el sabor de lo tradicional y la enorme riqueza ecológica de la región son un verdadero agasajo.
A diferencia de mis visitas pasadas, esta vez sentí que la evolución de la metrópoli queretana a una urbe internacional y moderna estaba más consolidada. Incluso, con algo típico de las grandes urbes, la contaminación. Y, muy importante, paz y seguridad. En contraste con lo visto recientemente en los noticiarios y redes sociales, el estado se siente seguro; quizá más que Houston -con todo lo arriba mencionado-.
No en balde, Querétaro ha sido uno de los mas beneficiados del Tratado de Libre Comercio y tiene profundos lazos de colaboración económica con Estados Unidos y Canadá. Considerado por muchos como un importante centro de la industria aeronáutica. Con una oferta turística muy interesante.
El hecho es que, teniendo una realidad propia y compleja, Querétaro ya forma parte del mundo global. Y como en todos lados, hay que conservar la historia, la cultura, el orden y la paz, sin negarse entrar al desarrollo y la modernidad.

