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Jerónimo Rabell, clown, transgresor y crítico social

Soy un comunicador desde la escena comunico mi forma de ser y pensar y mi punto de vista, de mi entorno y sociedad, de mi entorno amistoso, laboral.

Jerónimo Rabell Catalá, es nieto del pionero del teatro en Querétaro y además fundador del Corral de Comedias, Paco Rabell. Jerónimo creció entre los escenarios y aunque el teatro es su pasión, el clown rige su vida.

Rabell Catalá tuvo su primer encuentro con el teatro a la edad de 5 meses, cuando interpretó el papel de niño Dios en la tradicional pastorela, años después realizaba personajes secundarios en obras como Sueño de una noche de verano, Don Quijote de la Mancha, entre otras.

A la edad de 12 años replicó el espectáculo escrito por su padre Luis Rabell, Papayasos, el cual se presentó por una temporada en la Casa del Faldón y en municipios del estado y que fue sin duda el parteaguas a su carrera como clown.

Posteriormente realizó otras puestas en escena como Malcom contra los eunucos, Circo Cabaret, malabares y clown callejero, lo cual abrió aún más la posibilidad de inclinarse por este ámbito.

«Todo lo que hacía me fue llevando a ser clown. Con el tiempo y sin querer me fui pegando a ese rumbo que hoy disfruto tanto en el escenario y en la calle «, comentó el joven de 31 años, mientras se marcaba en la cara cada una de las expresiones que le dan vida a su personaje Mugrosín.

«En algún momento tenía ganas de ser músico, en otras de ser pintor y ninguna me cuadraba y el circo me encantaba, pero no soy muy disciplinado para entrenar porque pienso demasiado. Comencé a involucrarme más en la comedia hasta que empecé siendo payaso de la Plaza de la Corregidora con Rufo», detalló.

Siendo un joven de 20 años, Rabell emprendió un viaje hacía Europa, en donde, durante 10 meses, tomó clases de clown en Barcelona. Cuando recién cumplió 21 años regresó a México para continuar con su carrera junto a Rufo hasta que la compañía de su abuelo montó el espectáculo Circo Freak.

“Lo que más me llamó de las artes escénicas fue ser payaso; lo que me atrae de estar en el escenario es ser un idiota y poder estar la mayor parte del tiempo ahí llamando la atención desde mi ser. Por eso decidí irme a Europa a estudiar más profundamente este arte”

De un maletín negro y viejo, Jerónimo saca un trapo, además de talco, se lo aplica en la cara y en el cabello; se enfunda en un pantalón grande y desteñido, se coloca sus zapatos viejos y enormes para darle vida a Furúnculo Mugrosín y sonríe para el lente de EL QUERETANO.

Al igual que Jerónimo Rabell, Furúnculo Mugrosín es un personaje transgresor de las normas sociales, quienes desde su trinchera luchan por una búsqueda de la verdad con el público, a quienes debe la mayoría de sus satisfacciones.

“Soy un comunicador desde la escena comunico mi forma de ser y pensar y mi punto de vista, de mi entorno y sociedad, de mi entorno amistoso, laboral, para mí Mugrosín es una contundente crítica social y tiene una cuestión muy pública, es un personaje transgresor, pero él y yo somos uno mismo”, acentuó.

«El payaso me permite plantear temas reales que la gente reflexiona. Soy un payaso híbrido, con la agudeza del payaso blanco, muy vivo; tiene la estupidez del payaso rojo, del augusto, tiene siempre bien marcada la ingenuidad, sigo siendo ingenuo, tiene la capacidad de sorpresa de un niño y también tiene esa parte crítica del payaso obscuro que no está de acuerdo con las cosas» destacó.

Aunque Jerónimo continúa con participaciones esporádicas dentro de algunas puestas en escena del Corral de Comedias, no deja a un lado el Decadente Chou, en el que hace muestra de su genialidad y locura como clown.

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