Conin, el indígena nacido otomí y enterrado como español

A los hijos de los señoríos
Un día acepté el bastón
Entonces el fuego arrasador del rostro pálido, se alejo
Me impusieron el manto para resistir
Y ahuyentar el exterminio de mi pueblo.
Solo así no sangró el corazón
evitamos que se apagara
el fuego eterno de la nación otomí.
(Fragmento del poema Ko-ni de Serafín Thaayrohyadi)

Localizada en camellón central de la carretera México-Querétaro se erige desde el año 1985 una gigantesca estatua de aproximadamente 70 metros de altura, dicha estatua promovida por el entonces gobernador Rafael Camacho Guzmán, da la cara, de manera muy simbólica, a todo aquel que visita la capital queretana. Todos sabemos su nombre: Conin, pero pocos saben realmente la trascendencia de su historia en la formación de este estado y más aún, los verdaderos motivos que lo llevaron a ser designado Gobernador de la tierra de indios y fundador de Querétaro.

La historia oficial posiciona a Ko-ni -palabra otomí que significa ruido- como un líder de su época, un hombre que gobernó con paciencia y sabiduría la situación crítica del choque entre mexicanos y españoles de su tiempo, nombrado incluso gobernador vitalicio y capitán general además de otorgarle el privilegio de anteponer el “don” a su nombre, lo que daba muestra de su ascenso a la nobleza novohispana, pero toda historia tiene siempre dos versiones.

Fernando de Tapia, bautizado así por Juan Sánchez de Alanís tras su conversión a la fe cristiana, impulsada por el encomendero de Hernán Pérez de Bocanegra, fue un indígena otomí pochteca que comerciaba con los mexicas y las tribus chichimecas intercambiando hilo de maguey por pieles de animales, arcos y flechas, esto gracias a sus grandes habilidades diplomáticas.

Nació en Nopala, reino de Xilotepec, lugar del que más tarde migró para asentarse en la comarca cercana a La Cañada y su visión lo llevo a convertirse en el otomí más importante y poderoso dentro del orden español siendo pieza clave para el sometimiento y conversión al catolicismo de los indígenas de Andamaxei, por lo que fue recompensado con tierras y nombramientos, además de obtener en 1531 el permiso de fundar lo que hoy en día es la Ciudad de Santiago de Querétaro.

La inspiradora historia de este personaje vista desde un ángulo de superación y méritos casi heroicos, como todas, tiende a teñirse de algunos tintes poéticos; sin embargo, algunas versiones indican que Fernando de Tapia, a casi 450 años aún tiene mucho por contar, para determinar a ciencia cierta los motivos que llevaron a este prominente cacique hasta donde llegó.

En el artículo “REFLEXIONES SOBRE LA FUNDACIÓN DE SANTIAGO DE QUERETARO”, el historiador Andrés Garrido del Toral, habla sobre el descontento de los jefes chichimecas de la región y su vano intento por recuperar las tierras de las que se sentían injustamente desplazados al darse la expansión otomí, de la cual Conin era parte; de la misma manera plantea que para los chichimecas el advenedizo gobernador, no pasaba de ser un usurpador y macehual; es decir, gente del vulgo sin mérito alguno en las aristocracias indígenas, esto basado en el trabajo “Querétaro en los umbrales de la conquista” escrito por José Antonio Cruz Rangel.

En dichos trabajos también se plantea que Fernando de Tapia y su hijo Diego lucraban en beneficio propio, rentando a los naturales como tamemes o cargadores, por lo que no tardó en llegar la suspensión del cargo de don Fernando de Tapia fundamentada en la corrupción de su gestión y en el hecho de no ser oriundo de Querétaro, a lo que en contestación presentó su relación de méritos y servicios prestados a la Corona, pretendiendo para él y sus descendientes la gubernatura por haber pacificado a muchos chichimecas.

Como bien dice el historiador Andrés Garrido del Toral no se pretende restar méritos a Conin como pieza clave para la conformación de esta gran entidad, pero es justo reconocer la visión de los vencidos a nivel local, incluso si esta demostrara el lado más humano de este icono y trascendental personaje queretano.

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