Pornografía y soledad: una pareja letal

Forman un “círculo vicioso” terriblemente erosivo.  Pornografía lleva a soledad y soledad a pornografía.  Las relaciones humanas y su calidez vital quedan en segundo plano.  La familia, la pareja y el entorno, también.

Esa podría ser la premisa básica del terapeuta y estudioso matrimonial y familiar Mark Butler, profesor de la escuela de Vida Familiar en la Universidad Brigham Young (Provo, Utah, Estados Unidos), en un ensayo publicado por el Instituto de Estudios de la Familia, en el que describe las investigaciones que realizó recientemente. 

La sexualidad humana está ligada biológica y neurológicamente a una experiencia de relación, explicó Butler, y está “cuidadosamente diseñada para apoyar tanto la concepción como la vinculación”.

Sin embargo, agregó el especialista, “cuando la pornografía se usa para activar el sistema sexual, la biología del sistema sexual produce una experiencia de relación falsa, ofreciendo un ‘alivio’ temporal de los sentimientos de soledad, pero pronto el usuario enfrenta nuevamente una relación en el mundo real sin efecto”.

“Ese vacío puede desencadenar la soledad. Además, la pornografía invita a la fantasía mental de una experiencia de relación. Por lo tanto, la mente fantasea y biológicamente el sistema sexual engaña al cerebro para que imagine que está teniendo una experiencia de relación y puede enmascarar la soledad, pero solo temporalmente”, subrayó Butler.

Los argumentos presentados en la pornografía construyen narrativas falsas y poco realistas sobre la sexualidad que resultan decepcionantes.  Los usuarios no pueden evitar el hecho de que cuando la experiencia del porno termina, permanecen solos en una habitación vacía y “cuando la intoxicación sexual desaparece, la experiencia solo puede terminar excavando un vacío más profundo, una configuración para un círculo vicioso”, explicó Butler.

Y continuó escribiendo en el blog: “Estudios recientes sugieren que los guiones sexuales pornográficos de erotismo, objetivación, promiscuidad y misoginia (dominación) son, en su rostro real, fundamentalmente anti-relación y anti-apego y conceptualmente vinculados a la soledad'”.

Tales guiones son especialmente malos para los jóvenes y sus cuerpos en desarrollo, continuó diciendo Butler, explicando cómo el porno distorsiona los puntos de vista de los jóvenes sobre mujeres y hombres, la intimidad y la sexualidad durante sus años formativos y altera su salud a largo plazo.

Termina su artículo afirmando que en lugar de permitir que los medios sexualmente explícitos nos entrenen a nosotros y a la siguiente generación para la objetivación de uno mismo y de otros, disminuyendo nuestra integridad y humanidad en el proceso, “puede ser hora de considerar la posibilidad real de que el uso de la pornografía represente un riesgo muy público para la salud a nuestras relaciones”.

En efecto: el llamado está hecho desde hace mucho tiempo.  Pero hay demasiados intereses económicos de por medio como para hacer caso.

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