Lo que les falta a los candidatos

En el marco de violencia verbal en que se desarrollan las campañas políticas en México, los candidatos a la Presidencia de la República muy bien harían –creo yo—en mirar el ejemplo de liderazgo con reconocimiento y humildad del Papa Francisco.

Esta semana ha sido decisiva para recomponer el rostro (al menos, una parte del rostro) maltrecho de la Iglesia católica en Chile.  En su viaje apostólico en enero pasado a ese país andino, entrevistado por una periodista, el Papa fue tajante al decir que el tema del obispo Barros en torno al encubrimiento de los abusos pederastas del padre Karadima, estaba basado en rumores infundados.

Las víctimas salieron a la palestra.  Y fueron claros.  El Papa los había lastimado.  Se había dejado informar por el episcopado chileno y por el nuncio del Vaticano en Chile.  Pero no eran fuentes confiables, al menos en este asunto. Hubo un escándalo internacional que obligó a Francisco a enviar una comisión especial para que investigara a fondo el tema.  La conclusión fue que, en efecto, el Papa se había equivocado al emitir esa declaración.  No eran rumores: era la verdad.

Estos últimos días, sin mayor dilación, el Papa citó primero a las víctimas y luego a los obispos chilenos.  A las víctimas les pidió perdón y a los obispos que reconstruyeran la confianza, pidiendo ellos también (y principalmente) perdón, humillándose, saliéndose de la zona de confort y trasluciendo que en verdad son obispos, es decir, sucesores de los apóstoles.

“La humildad es invencible”, decía Bernanos.  Y es cierto.  Es invencible.  Lo que también es invencible, al parecer, es la tozudez de nuestros políticos por hacerle creer a la gente que solamente la soberbia y la indiferencia ante los errores del pasado los puede llevar al triunfo.  ¿Han escuchado a un candidato pidiendo perdón por los errores de su partido, coalición, frente, marido o por su pasado?  Creo que “el Bronco” se disculpó en el primer debate de no haberse salido antes del PRI.  Una disculpa bastante retórica.  Pero la otra, la que acepta la verdad no obstante esa verdad no sea la “políticamente correcta”, nada más no se les da.

El Papa pudo haber seguido montado en su macho.  Después de todo, Chile representa un pedacito de los 1,300 millones de católicos que gobierna el Vicario de Cristo.  No lo hizo.  Lanzó un mensaje muy claro a la jerarquía y al pueblo fiel: por encima de los intereses de la Iglesia (del partido, del grupo) está la verdad.  Y la misericordia con justicia. Aunque no lo crean nuestros aspirantes (que están mucho más enfocados en destruir al contrario que en construir la democracia) esto lo entiende muy bien la gente.

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