El buscador lo hace

Viendo la inminencia del 1 de julio, los hombres y las mujeres de buena voluntad (que los hay en México) se han dado a la tarea de pedirle a los votantes que se informen sobre cualidades y defectos de los candidatos a la presidencia, a las gubernaturas, a las presidencias municipales, diputaciones, senadurías…

Esta petición se hace –repito—de buena voluntad.  Pero cae en el vacío.  Lo que antes significaba esfuerzo, anhelo, acopio de información, cotejo, discusión, enfrentamiento, puesta entre paréntesis de las fuentes, comparaciones, equivalencias, dudas y tiempo, hoy lo hace el motor de búsqueda.  Es la nueva economía de la que habla Michel Serrés en un párrafo de Pulgarcita: “Economía: recordar el volumen en el estante de la biblioteca cuesta menos en la memoria que retener el contenido.  Nueva economía, radical ésta: nadie necesita retener el lugar, un buscador se ocupa”.

Por eso los candidatos punteros le han apostado a los robots cibernéticos que, a la primera sesión de búsqueda, responden (de acuerdo con sus controladores, a sus amos, a quienes los mandaron como zombis digitales).  Y es que los nuevos votantes, que son muchos millones en México, ya no recuerdan ni el lugar en el estante de la biblioteca ni el contenido del volumen.  No les pasa siquiera por la mente esa preocupación.  Alguien se ocupa de ello.  Alguien les da la respuesta.

Ya no se tiene que chambear para saber.  Ya no se tiene que pedalearle para subir la cuesta de las preferencias electorales o de consumo.  Alguien lo hace en mi lugar y yo, bobaliconamente, pienso que lo hace bien.  Le doy mi libertad, la libertad de emprender un camino personal-comunitario.  ¿Exceso de confianza?  Exceso de flojera.  Un país no existe cuando se deja en manos de los que lo han usado desde siempre para gobernarlo a su antojo.  Ni con ciudadanos que piensan estar informados cuando lo que están es amaestrados.  

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