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Alfajores con amor

Marcela Beridini endulza la vida de muchos queretanos todos los días, llevando al paladar de sus comensales el exquisito sabor de los alfajores, un postre tradicional de Sudamérica a base de Maizena y relleno de dulce de leche.

“Yo soy de la provincia Buenos Aires, Argentina, ahí el alfajor que yo hago es típico de las abuelas, es el que harían para un cumpleaños o una ocasión especial; pero existen diferentes tipos de alfajores dependiendo la región”

Su gusto por la gastronomía viene desde corta edad, la excelente repostera recuerda con mucho cariño acompañar a sus abuelas en la cocina para probar y animarse a realizar diferentes creaciones del ámbito culinario, por la parte paterna aprendió repostería, mientras que por el lado materno exploró el mundo de las conservas.

“Nadie me enseñó, yo siempre veía y hacía. Cuando pequeña disfrutaba mucho de la comida, aún hoy es así, me encanta preparar y por supuesto comer; siento que así expreso un poco de mi”.

Marcela llegó a México, específicamente a Querétaro hace 18 años, poco tiempo después comenzó a llevar a reuniones sociales algunos alfajores como cortesía, su sorpresa fue la alta aceptación de sus amigos, tanta que le hacían pedidos.

Así comenzó la travesía, de esta forma arrancó un negocio que 16 años después produjo más de diez mil piezas en tan solo 15 días, todas hechas de manera artesanal, amasadas, cocinadas, decoradas y empaquetadas por sus propias manos.

“Tengo algunas personas fijas que ya me ayudan, pero también están mis dos hijas, sus amigos o incluso amigas mías que por temporadas fuertes se unen a nuestro equipo. La idea es no dejar de hacer el producto de forma casera, si no se perdería la esencia”

En este tiempo la marca ha evolucionado en varias cuestiones, el nombre, el logotipo, los colores e incluso la apertura de una pequeña cafetería en el 2001; tienda que tuvo que cerrar por cuestiones personales.

“Ese momento fue importante, al dejar la casa de los alfajores me enfoqué más al mercado de restaurantes y pedidos individuales. Recapitulando, cuando inicié los primeros que me dieron la oportunidad fueron los de “El Molino” en la Cruz, hice una apuesta con el dueño de que si se vendían dejaba toda mi canasta”.

Su segundo paso grande fue ser proveedora de Tacos El Pata, con quienes tuvo que aventurarse a producciones en mayores cantidades, un reto que impulsó a Marcela a profesionalizar el proceso.

“No sé si tenga un secreto, arranqué hace 16 años con los clásicos alfajores con coco, un complemento de fina ralladura y un tanto húmedo, después fui agregando creaciones con nuez, almendra, chocolate, etcétera”.

Este negocio no solo refleja la pasión y el cariño que tiene la creadora por la repostería, también se convirtió en su sustento económico tanto para ella como para su familia. Le brindó libertad laboral, a pesar de ser un trabajo de tiempo completo, que consiste en levantarse temprano, comprar materia prima, cocinar, distribuir, entre otros tantos pasos.

“Estoy criando a mis hijas gracias a ‘Alfajores de Marcela’ en un país que me adoptó, que me abrió las puertas. Claro que estoy muy agradecida con la gente que me ha seguido, que es fiel a la marca; cuando me hablan o postean en Facebook que les encanta lo que hacemos, se convierte en una motivación”.

Durante su trayectoria se ha enfrentado a distintos retos, uno de los mayores ha sido la producción para el Festival de Comunidades Extranjeras, al cual debe llevar 10 mil 500 alfajores, aunado a sus pedidos de tiendas.

“El dulce tiene un tiempo de vida de 18 días, es una locura tenerlos pocos días antes del evento o incluso el día exacto para que el producto siga fresco, en ese momento tengo muchas manos de ayuda. A pesar de esto puedo decir que justo ahora estoy más relajada que hace varios ayeres, creo que hemos madurado”.

La meta a corto plazo es abrir nuevamente una tienda, pero en esta ocasión con mayor planeación, así como variedad de sabores, colores y tamaños. En cada alfajor hay un pedacito del corazón de Marcela combinado con una larga historia y plenitud.

Redacción El Queretano

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