Muñecas otomíes: patrimonio pasión, amor y valor queretano

Una artesanía típica que ha sido plasmada en playeras, posters, murales, cuadros y hasta en famosas navajas suizas y ha llevado el nombre de Querétaro a todo el mundo.

Para elaborar una muñeca otomí se necesita tener el molde, cortarlo, rellenar con borra, pintarlo y con una aguja e hilo ir incorporando las manos, cabeza, pies, el cabello, listones y finalmente ponerles los vestidos hechos con coloridas telas, todo este proceso en un lapso de uno o dos días, así lo explicó Hilaria Ventura.

Originaria de la comunidad San Idelfonso, perteneciente al municipio de Amealco, Hilaria de 50 años aprendió este oficio desde que era una niña, pues su madre la enseñó hacerla para que de ahí pudiera ayudarla a sustentar a su familia.

«Mi mamá me enseñó a hacer las muñecas desde muy chica, la primera vez que vine a vender fue con una de mis tías y yo tenía menos de 10 años. Esto ha sido con lo que nos hemos mantenido las mujeres de mi familia», explicó Hilaria.

Cada ocho días la señora Ventura, al igual que muchas de sus compañeras, toma un camión a la ciudad queretana y recorren los principales callejones del Centro Histórico para ofrecer a turistas y locatarios las decenas de muñecas y muñecos otomíes que llevan en su canasta o en uno de sus rebozos que cargan en la espalda.

«Siempre compro mi material en las tiendas de aquí y después me regreso a mi pueblo y comienzo a hacerlas yo sola porque mi mamá ya no me puede ayudar, pero yo sigo haciéndolas por necesidad y para que la gente las conserve y vea nuestro trabajo», dijo.

En septiembre del año pasado, esta pieza artesanal se convirtió en patrimonio cultural del estado, destacando la pasión, el amor y el valor que las mujeres amealcenses se han dedicado a transmitir de generación en generación.

La muñeca María, como comúnmente se conoce, fue creada hace más de 100 años. Con la llegada de los españoles a nuestro país, se establecieron nuevas costumbres, alimentos y juguetes, por lo que los mazahuas, crearon una muñeca digna de representación.

El juguete fue perfeccionado a lo largo de los Siglos XIX y XX, además de expandir esta modalidad a otros estados, los cuáles añadieron elementos que representaran su origen y su pueblo.

En Guanajuato se crearon las famosas «Lupitas», elaboradas a través del proceso de modelado de papel periódico y pintadas con atuendos florales; en las costas podemos encontrar coloridas sirenas y en nuestro estado, las muñecas conservaron la mayoría de los detalles de las originales.

Hoy en día esta muñeca se ha convertido en una artesanía típica que ha sido plasmada en playeras, posters, murales, cuadros y hasta en famosas navajas suizas, además de otros elementos, todo esto con la finalidad de enaltecer el adorno mexicano.

Tal ha sido el impacto de esta muñeca a nivel internacional que en el 2011 durante el Fashion’s Night Out de la revista Vogue se realizó una exhibición de la artesanía portando atuendos de diseñadores como Lacoste, Christian Cota, Tommy Hilfigher, Vince Camuto, entre otros.

En la actualidad para los artesanos sigue siendo una osadía explicarle a los mismos mexicanos el valor cultural del producto, pues no aprecian el trabajo en su elaboración, por lo que son cada vez menos las mujeres que se dedican a este oficio.

A pesar de las dificultades, aún sobrevive la esperanza de seguir conservando este patrimonio cultural que se ha resistido a ser parte de los estándares de belleza.

La muñeca otomí, no es más que una muestra de nuestras costumbres que permite conservar la fascinación y costumbres de años de historia. Es un llamado a las nuevas generaciones a preservar las tradiciones, a transmitir historias y objetivos que permitan crear y compartir nuestro acervo cultural.

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