Exvotos de Soriano, devoción y milagrería

Texto y fotos Braulio Cabrera

Una trenza de cabello anónima con pasto enmarañado. Miniaturas de piernas o brazos de metal; nombres de familias o personas escritos sobre papel, o sobre el corcho donde se coloca el papel o incluso en el marco que sujeta el corcho.

Un calcetín de bebé, sin su par. Fotografías de los devotos, tomadas con su celular, en un estudio fotográfico, hasta con marcos florales de todos tamaños; abrazando a sus familias o solos frente a un fondo blanco. Son algunas de las muestras de agradecimiento a la Virgen de los Dolores de Soriano, tras un milagro.

Ubicada en el municipio de Colón, Querétaro, la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano es uno de los bastiones de la presencia de la orden de los dominicos durante la evangelización de la Nueva España y es, actualmente, hogar de esta imagen santa que a tantos creyentes atrae cada año.

Se trata de una estatua de madera policromada de poco más de medio metro con detalles cautivadores: ojos penetrantes y piadosos; manos estrechadas entre sí, fuertemente: el atuendo de una reina. Año con año, el viernes de dolores -viernes anterior al domingo de ramos- recibe cientos de miles de peregrinos que buscan un milagro, o bien, van a agradecerlo.

Son tantos los milagros, que incluso existe un museo dedicado a ellos. En éste, se exhiben los exvotos, tantos que ya forman “retablos”; cada uno, narra distintas historias y sus milagrosos desenlaces.

Como la de María José Gutiérrez Hernández que después haberse ahogado, resucitó “por obra de la Santísima” (el 18 de julio del año 2004), o el de María Teresa Islas Dongue, un caso excepcional también; ella viajó desde el Estado de México para ser milagrosamente sanada por la Virgen de una etapa avanzada de SIDA (igual, en 2004). Además de estos casos extraordinarios, miles de enfermos, migrantes, desempleados acuden a la basílica con distintos asuntos, esperando que la Virgen interceda.

“Basta empezar a leer alguno de ellos para continuar interesado con el segundo y el tercero y el cuarto, hasta que el tiempo y el cansancio se lo permitan. Uno queda absorto con las maravillas que cuentan los protagonistas del milagro. Parece que hablan, y que su fe en María Santísima, se puede tocar. Uno termina con la sensación de que se puede crecer todavía más”, se lee en la explicación que tiene de este espacio, el portal de internet del museo.

Gracias a los milagros cumplidos, la Santa Madre es visitada cada año. En muestra de agradecimiento, cada devoto cuelga, en un corcho, una pieza de metal dorada o plateada. Por su parte, los que buscan la “intervención” escriben su nombre en una hoja de papel o sobre la pizarra misma; hay quiénes incluso colocan objetos personales: fotografías, calcetines de recién nacido, brazaletes de hospital, hasta mechones de cabello… o trenzas completas.

La devoción demostrada en sus distintos formatos es innegable: las peregrinaciones, los exvotos, las peticiones, la decoración misma del recinto, el “millón” de personas que acuden a visitar a la virgen en una misma fecha y todos los miles que van en el transcurso del año. La existencia de un recinto de culto tan relevante como la Basílica de Nuestra Señora de los Dolores de Soriano, deja en evidencia que el bajío sigue siendo tierra cristera, ni Juárez, ni Calles, ni el siglo XXI han podido contra ese fervor.

Pero a su vez, denuncia la situación de cientos de miles de mexicanos, que sienten que están “solos” y que deben peregrinar durante días para encontrar soluciones a sus problemas.

Redacción

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