A tal casa, tal aldaba

Descubrir algo nuevo en el centro histórico de Querétaro es algo cotidiano. Siempre hay una forma más original en la que el vendedor de rosas hace que le compres, una insólita manifestación en Plaza de Armas, un mural fresco, una casa remodelada, otro hotel o restaurante o tienda o museo…

En muchas ocasiones, esos descubrimientos son detalles que se escondieron a plena vista durante años y las aldabas son un buen ejemplo de estos rasgos ocultos.

Se trata de antiguos “timbres” que van clavados a las puertas principales de las casas. En su mayoría, están compuestos por una placa, que es la plancha de hierro o bronce donde se ven los rostros y ornamentos tan característicos; un martillo, que es la pieza que golpea; y el tas, la parte que recibe el golpe al llamar. Las formas, tamaños y significados que los componen son tantos como las casas que aún los tienen.

Estos llamadores, fueron utilizados desde tiempos de la civilización romana hasta mediados del siglo pasado. Incluso con sus orígenes romances, la palabra aldaba deriva del árabe “Ad Dabbah” que significa cerrojo o picaporte; esta pista en el lenguaje demuestra la herencia ibérica en el objeto y explica el porqué de su popularidad en las casas coloniales de nuestras ciudades. A través de tantos siglos, fueron adquiriendo relevancia, bien por su carácter práctico, como por sus implicaciones sociales; pues dependiendo del diseño, no sólo se trata de un timbre, también de un tirador para la puerta y de una primera impresión para el visitante.

La evolución de los aldabones ha sido constante desde su aparición. Cada cultura ha agregado detalles y significados nuevos. Es de esperarse que aquellos que vemos en las calles del centro sean tan diversos. Los hay humildes, con forma fálica y nada estilizada; ornamentados, con forma de herradura (haciendo una triple función de timbre, manija y amuleto).  También algunos curiosos, con rostros de indios emplumados, mujeres de rasgos finos y leones; estos últimos, siendo originalmente utilizados en iglesias y templos pues el león simboliza el tradicional derecho de asilo que antes se daba en estos sitios.

Finalmente, existen diseños particulares en la zona que merecen mención aparte. Por ejemplo, las cabezas de diablo que se encuentran en los portales de la calle 5 de Mayo y en la vieja casona de la esquina de Pasteur y Libertad. También aquellas de busto de caballo en 16 de Septiembre. O las peculiares manos de Fátima que saltan a la vista frecuentemente, estando estas, llenas de detalles; diestras y zurdas; algunas doradas, otras cobrizas, y hasta ferrosas; con mangas y mancuernillas, con moños o muñecas al desnudo; incluso con rasgos sutiles, como un característico anillo, que a veces portan en el anular, otras en el medio y en ocasiones olvidan en el alhajero.

Se ha dicho que la ciudad esconde secretos y curiosidades, todos esperando a ser apreciados. En cada puerta, las aldabas están ahí para contar historias en silencio. Y con estos importantes detalles, advertir, o invitar a quién llame a la puerta.

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